Los hábitos de vida sedentarios están asociados con aproximadamente 5 millones de muertes al año (foto: Cecília Bastos/USP Imagens)
Las mujeres negras, mestizas, asiáticas e indígenas con menor nivel educativo enfrentan mayores dificultades. El estudio siguió al mismo grupo durante una década
Las mujeres negras, mestizas, asiáticas e indígenas con menor nivel educativo enfrentan mayores dificultades. El estudio siguió al mismo grupo durante una década
Los hábitos de vida sedentarios están asociados con aproximadamente 5 millones de muertes al año (foto: Cecília Bastos/USP Imagens)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – Un estudio que siguió durante diez años a habitantes de la ciudad de São Paulo (Brasil) reveló que la práctica de actividad física durante el tiempo libre es altamente desigual y que la brecha entre los distintos estratos sociales está aumentando. Mientras que los hombres blancos con un alto nivel educativo hacen cada vez más ejercicio, las mujeres pertenecientes a minorías raciales con baja escolaridad presentan los niveles más bajos de actividad física durante el tiempo libre. En cambio, la actividad física asociada al transporte urbano —como caminar al trabajo— se distribuye de manera más uniforme entre los diferentes estratos de la población. Los datos fueron publicados en mayo en el International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity.
Otras investigaciones realizadas en países del Norte Global ya habían abordado la influencia de los factores sociales en la mayor o menor prevalencia de la práctica deportiva. Sin embargo, este estudio, liderado por científicos de la Universidad de São Paulo (USP), se distingue por ser pionero al hacer un seguimiento de los mismos 978 participantes desde 2014, con recolecciones de datos en tres momentos: 2014/15, 2020/21 y 2023/24.
A partir del análisis de cómo diferentes características sociales se combinan para moldear las oportunidades y experiencias de las personas (conocidas como identidades sociales interseccionales) a lo largo del tiempo, los científicos defienden que las políticas públicas orientadas a promover la actividad física y las actividades recreativas prioricen a estos grupos más vulnerables.
“Concluimos que la práctica de actividad física durante el tiempo libre no depende únicamente de la motivación o de una elección individual. Está determinada por factores ambientales, estructurales y sociales. Detectamos que las desigualdades se mantuvieron y que la brecha entre los grupos aumentó a lo largo de los diez años de seguimiento. Lamentablemente, este tipo de actividad sigue siendo un privilegio de los grupos socialmente más favorecidos, que identificamos como hombres blancos con mayor nivel educativo. Por otro lado, entre los grupos más vulnerables se encuentran las mujeres negras, mestizas, asiáticas o indígenas con menos años de escolaridad”, resume la nutricionista Andreia Alexandra Machado Miranda, autora corresponsal del artículo y actualmente integrante del Núcleo de Investigaciones Epidemiológicas en Nutrición y Salud (Nupens), de la Facultad de Salud Pública (FSP) de la USP.
Cuando realizó este trabajo, Miranda era investigadora colaboradora del Grupo de Estudios e Investigaciones Epidemiológicas en Actividad Física y Salud (GEPAF-USP), coordinado por el profesor de la Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades (EACH) de la USP Alex Antonio Florindo, también autor del artículo.
“Trabajamos con el modelo ecológico de la actividad física, cuyo principal objetivo es explicarla a partir de sus determinantes. Su práctica no depende únicamente de la voluntad de las personas, sino que también involucra las experiencias que pueden tener a lo largo de la vida, el apoyo social que reciben de sus parejas o de sus familias, además de factores externos, como el acceso al entorno y a las políticas públicas. Existe una gran distancia entre quienes tienen y quienes no tienen condiciones para practicar actividad física durante el tiempo libre, incluso cuando existe la voluntad de hacerlo”, complementa Florindo a Agência FAPESP.
De acuerdo con los hallazgos, la prevalencia de actividad física durante el tiempo libre era del 51 % entre los hombres blancos con mayor nivel educativo y del 29 % en el grupo más vulnerable en la primera evaluación. En la tercera etapa, estas cifras aumentaron al 65 % y al 39 %, respectivamente, ampliando la desigualdad entre ambos grupos.
Miranda destaca las dificultades que las mujeres reportan para practicar deportes, las cuales van más allá de la falta de tiempo. “Además de enfrentar una distribución desigual del trabajo doméstico, con frecuencia reciben una menor remuneración en sus empleos y deben lidiar con la falta de seguridad para utilizar los espacios públicos. Dependiendo del barrio donde viven, especialmente en las zonas periféricas, existe escasa infraestructura urbana, lugares sin iluminación y pocos espacios abiertos”, explica la nutricionista.
Además de realizar entrevistas presenciales y remotas, mediante la aplicación de la versión larga del Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ, por sus siglas en inglés), los científicos trabajaron con un índice de vulnerabilidad social acumulada (Multiple Jeopardy Index), que incorpora datos relativos al sexo, la raza/color de piel y el nivel educativo, asignando una puntuación de 0 (menos vulnerable) a 4 (más vulnerable).
Problema de salud pública
Además de promover el bienestar físico y mental, la práctica de ejercicio reduce el riesgo de accidente cerebrovascular (ACV), disminuye las probabilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, contribuye al control del peso y de enfermedades metabólicas, como la diabetes, y tiene un impacto positivo incluso sobre el sistema inmunitario.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos realicen semanalmente entre 150 y 300 minutos de actividad física de intensidad moderada o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa. Dentro de estas categorías se incluyen caminatas (al aire libre o en cinta), carreras, entrenamiento de fuerza, gimnasia acuática, natación, ciclismo, voleibol, danza y deportes colectivos, entre otras actividades.
Sin embargo, estudios recientes revelaron que casi un tercio de los adultos (31 %), es decir, alrededor de 1.800 millones de personas en el mundo, no alcanzó en 2022 (último dato disponible) los niveles mínimos recomendados por la OMS. Además, los hábitos de vida sedentarios están asociados con aproximadamente 5 millones de muertes al año.
En Brasil, el 42,3 % de los adultos practicaba al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana en 2024, según los datos del más reciente Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo y Protección para Enfermedades Crónicas por Encuesta Telefónica (Vigitel), del Ministerio de Salud. La meta es aumentar esa proporción al 50,7 % para 2030. Cuando el porcentaje se desagrega por sexo, alcanza el 47,7 % entre los hombres y el 37,9 % entre las mujeres.
Desplazamiento
El grupo también analizó la caminata como forma de transporte y, en este caso, no encontró una asociación significativa entre el índice de vulnerabilidad social y la actividad física relacionada con el desplazamiento.
En términos generales, se registró un aumento en la participación, que pasó del 61,8 % al 71,6 % entre la primera y la tercera evaluación. La mayor prevalencia de esta actividad se observó entre hombres jóvenes, negros y mestizos, con educación secundaria.
Para Miranda, estos resultados indican que caminar como medio de desplazamiento responde más a una necesidad cotidiana y a las condiciones de movilidad urbana que a una elección personal. “Es posible que factores como el acceso al transporte público, las características del barrio y las condiciones socioeconómicas influyan en este tipo de desplazamiento. Sin embargo, nuestro estudio no encontró una asociación estadísticamente significativa entre el índice de vulnerabilidad social y esta modalidad de actividad física”, afirma.
Según los investigadores, se trata de una práctica que podría incorporarse con mayor facilidad a la vida cotidiana y, de ese modo, contribuir a mejorar la salud en las ciudades, además de fomentar un mayor uso del transporte público y colectivo, en lugar del transporte individual, como el automóvil.
La muestra inicial de la investigación se basó en la Encuesta de Salud del Municipio de São Paulo (ISA-Capital), que reúne diversos tipos de información relacionada con la salud y el uso de los servicios sanitarios para respaldar la formulación de políticas públicas. Posteriormente, el estudio longitudinal (que siguió a la misma población durante diez años) recibió el nombre de ISA Actividad Física y Ambiente.
La muestra fue estratificada en cinco áreas de salud de la capital, una metrópoli caracterizada por diversos tipos de desigualdades socioespaciales. Una de ellas es que alrededor de 963.700 viviendas se encuentran en áreas de alta o muy alta vulnerabilidad, donde reside el 22,5 % de la población de la ciudad, según el Índice Paulista de Vulnerabilidad Social, elaborado por la Fundación Seade (Sistema Estatal de Análisis de Datos).
Aunque no fue objeto directo de análisis en este trabajo, investigaciones anteriores ya habían demostrado que las áreas socialmente más vulnerables enfrentan desafíos ambientales y urbanos, como una mayor exposición a las islas de calor. Es el caso de las regiones periféricas de las zonas este, norte y sur, que registran temperaturas superiores a las de otras áreas de la capital (más información en: pp.nexojornal.com.br/ponto-de-vista/2025/11/07/exposicao-ao-calor-a-face-invisivel-da-moradia-inadequada).
En este contexto, los autores destacan la importancia de implementar políticas públicas integradas que promuevan la equidad en salud y amplíen las oportunidades para la práctica de actividad física, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Florindo cita como ejemplo la implementación de nuevas ciclovías en la ciudad de São Paulo en los últimos años, una política que ha estimulado a los habitantes a utilizar más la bicicleta. Bajo la coordinación del profesor, otra investigación constató que la presencia de ciclovías a menos de 500 metros del lugar de residencia fue un factor determinante para fomentar el ciclismo (más información en: agencia.fapesp.br/58627).
La base muestral ha sido utilizada por el grupo para realizar cruces con otras variables relacionadas con la salud y la práctica de actividad física. Según Florindo, una de las líneas de investigación en curso busca ahora relacionarlas con la alimentación.
El trabajo recibió apoyo de la FAPESP a través del Proyecto Temático “Ambiente construido, actividad física y estado nutricional en adultos: un estudio longitudinal” y de una beca de investigación de la BRIDGE Global Health Partnership, financiada por las universidades de Birmingham y de Illinois.
El artículo Social inequalities in leisure-time and transport-related physical activity through the lens of intersectionality: 10-year longitudinal study in Brazil puede leerse en: link.springer.com/article/10.1186/s12966-026-01900-5.
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