Participantes del estudio que utilizaron creatina tuvieron reducciones estadística y clínicamente insignificantes de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva (PCR) y la interleucina-6 (IL-6) (foto: kaboom pics/Pexels)
A pesar de la popularidad del suplemento, una revisión de estudios realizada por investigadores de la Universidad Estatal Paulista no encontró efectos significativos sobre marcadores inflamatorios en el organismo
A pesar de la popularidad del suplemento, una revisión de estudios realizada por investigadores de la Universidad Estatal Paulista no encontró efectos significativos sobre marcadores inflamatorios en el organismo
Participantes del estudio que utilizaron creatina tuvieron reducciones estadística y clínicamente insignificantes de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva (PCR) y la interleucina-6 (IL-6) (foto: kaboom pics/Pexels)
Por Fernanda Bassette | Agência FAPESP – La creatina, uno de los suplementos más populares entre quienes asisten al gimnasio y atletas, parece no tener el efecto antiinflamatorio que muchos imaginan. Esa es la conclusión de una revisión sistemática con metaanálisis realizada en Brasil por investigadores de la Universidad Estatal Paulista (Unesp), quienes evaluaron ensayos clínicos en humanos e indican que, hasta el momento, no existen evidencias consistentes de que la sustancia reduzca marcadores inflamatorios en el organismo.
El estudio, apoyado por la FAPESP, fue realizado en el Centro de Estudios de Revisión Sistemática en Salud Cardiovascular y Metabólica de la Unesp en Marília y publicado en la revista científica Frontiers in Immunology. Los investigadores analizaron datos de ocho ensayos clínicos aleatorizados y controlados con placebo para investigar los efectos de la suplementación con creatina sobre los biomarcadores inflamatorios más comunes.
Desde la década de 1990, la creatina se utiliza y es ampliamente reconocida por sus efectos ergogénicos, es decir, aquellos que mejoran el rendimiento físico al ayudar al cuerpo a entrenar mejor, producir más fuerza, resistir más al cansancio o recuperarse más rápido. Pero la popularización del suplemento trajo consigo una serie de interpretaciones equivocadas sobre sus posibles beneficios, entre ellos, el supuesto efecto antiinflamatorio.
“Mucha gente afirma que la creatina es antiinflamatoria basándose en resultados de estudios realizados en animales o en células aisladas en laboratorio. El problema es que esos resultados de la investigación básica no siempre se traducen en efectos clínicos en humanos”, explica el investigador Vitor Engrácia Valenti, coordinador del grupo y director del estudio.
De hecho, explica Valenti, existen algunas evidencias de que la creatina posee propiedades antiinflamatorias que ayudarían a preservar la integridad muscular y a atenuar marcadores inflamatorios después de sesiones extenuantes de ejercicio, pero los mecanismos exactos responsables aún no están completamente definidos.
Los resultados de los estudios analizados fueron heterogéneos y variaron según la población y el tipo de intervención. En contextos de ejercicio intenso y de larga duración, algunos trabajos señalaron efectos antiinflamatorios de la creatina. Es el caso de investigaciones con atletas sometidos a protocolos de corta duración y altas dosis (alrededor de 20 g por día durante cinco días), que observaron reducciones en marcadores inflamatorios después de pruebas extenuantes, como carreras de larga distancia y triatlones. En esos escenarios, hubo disminución de la prostaglandina E2 (PGE2), del factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y de la interleucina-1β, lo que sugiere un posible efecto protector contra el daño muscular y la respuesta inflamatoria aguda inducida por el ejercicio extenuante.
Por otro lado, este beneficio no se repitió en diferentes perfiles poblacionales y condiciones clínicas. Estudios realizados con pacientes con osteoartritis y con adultos mayores, por ejemplo, no encontraron reducciones significativas en marcadores inflamatorios como proteína C reactiva (PCR), interleucinas y otras citocinas, incluso después de semanas de suplementación.
En algunos casos, las mejoras observadas —como la reducción de ciertos marcadores o el aumento de fuerza— fueron atribuidas al propio ejercicio físico, y no a la suplementación con creatina. Además, investigaciones a nivel molecular y de recuperación muscular tampoco identificaron un impacto relevante de la sustancia sobre la inflamación, lo que refuerza que sus efectos pueden estar limitados a contextos específicos y no ser generalizables.
Entre los biomarcadores evaluados con mayor frecuencia en los estudios se destacaron la proteína C reactiva (PCR) y la interleucina-6 (IL-6). Los resultados mostraron reducciones muy pequeñas entre los participantes que utilizaron creatina, diferencias que no fueron consideradas estadística ni clínicamente significativas. En el caso de la PCR, por ejemplo, la reducción promedio fue de apenas 0,41 mg/dL. “La magnitud de la diferencia fue pequeña”, explica el investigador. En el caso de la interleucina-6, la reducción del biomarcador en quienes realizaban suplementación regular con creatina fue aún menor. “Hubo una disminución mínima, que no es significativa desde el punto de vista estadístico y clínico”, afirma.
A pesar de ello, Valenti hace una salvedad: la ausencia de evidencia no significa necesariamente que el efecto antiinflamatorio no exista. “Ante estos hallazgos, recomendamos la realización de más ensayos clínicos aleatorizados y controlados con placebo para confirmar los datos observados. Nuestro estudio funciona como un estímulo, una provocación a la comunidad científica, al evidenciar la necesidad de investigaciones más robustas sobre el tema.”
Otro punto destacado por el investigador es que la inflamación en el cuerpo no siempre es perjudicial. Durante el ejercicio físico, por ejemplo, el organismo produce moléculas inflamatorias que son fundamentales para la adaptación muscular. “Esta respuesta inflamatoria aguda y transitoria, junto con otras señales moleculares inducidas por el ejercicio, participa en los procesos de reparación, remodelación y adaptación muscular”, explica.
Seguridad
De manera general, la revisión de estudios concluyó que la suplementación con creatina presenta un buen perfil de seguridad, incluso en diferentes poblaciones y contextos. En protocolos de corto plazo con dosis elevadas (20 g por día durante cinco días), atletas sometidos a ejercicios intensos y prolongados no reportaron efectos adversos relevantes, como calambres, deshidratación o molestias gastrointestinales, manteniendo un desempeño dentro de lo esperado. Resultados similares fueron observados en estudios experimentales con individuos sanos, en los cuales la sustancia fue bien tolerada.
Este patrón también se repitió en poblaciones clínicas y adultos mayores, incluso en intervenciones más prolongadas. En pacientes con osteoartritis y en adultos mayores sometidos a entrenamiento de fuerza, por ejemplo, la creatina no se asoció con eventos adversos clínicamente relevantes ni con alteraciones metabólicas o funcionales desfavorables. En conjunto, los datos refuerzan que, cuando se utiliza de manera adecuada, la creatina tiende a ser segura y bien tolerada.
En la práctica, los hallazgos no modifican las recomendaciones actuales sobre el uso del suplemento, que continúa siendo considerado seguro para la mayoría de las personas y puede aportar beneficios relacionados con el desempeño físico. “La creatina puede favorecer la fuerza y el rendimiento muscular durante el ejercicio y, en algunos contextos, puede contribuir indirectamente a la funcionalidad”, afirma Valenti.
Aun así, antes de decidir consumir creatina, su uso debe estar orientado por un profesional de la salud. “Es importante buscar a un médico, nutricionista o educador físico antes de comenzar a usarla porque cada persona tiene necesidades diferentes”, recomienda el investigador. Para Valenti, el principal impacto del estudio es abrir camino a nuevas investigaciones. “La gran importancia de esta revisión es mostrar que todavía existen pocos ensayos clínicos sobre el tema y provocar a la comunidad científica a avanzar en esta área”, concluye.
El artículo Impact of creatine supplementation on inflammation: evidence from a systematic review and meta-analysis of randomized double-blind placebo trials puede leerse en: www.frontiersin.org/journals/immunology/articles/10.3389/fimmu.2026.1743603.
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