Según la primera autora del estudio, la investigación indica que, en contextos de alta intensidad tecnológica, la circulación de personas amplía el acceso de las empresas al conocimiento, las redes de contactos y la capacidad de adaptación (imagen: geralt/Pixabay)

Innovación
La experiencia internacional aumenta la supervivencia de las empresas tecnológicas paulistas

Un análisis de la trayectoria de más de 400 emprendedores apoyados por la FAPESP muestra que la experiencia internacional favorece la circulación del conocimiento y es estratégica para la prosperidad de los negocios de base tecnológica en el estado de São Paulo

16-07-2026
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La experiencia internacional aumenta la supervivencia de las empresas tecnológicas paulistas

Un análisis de la trayectoria de más de 400 emprendedores apoyados por la FAPESP muestra que la experiencia internacional favorece la circulación del conocimiento y es estratégica para la prosperidad de los negocios de base tecnológica en el estado de São Paulo

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Según la primera autora del estudio, la investigación indica que, en contextos de alta intensidad tecnológica, la circulación de personas amplía el acceso de las empresas al conocimiento, las redes de contactos y la capacidad de adaptación (imagen: geralt/Pixabay)

 

Por Roseli Andrion  |  Agência FAPESP – Durante décadas, investigadores y emprendedores brasileños hicieron las maletas para formarse y adquirir experiencia en el extranjero. Lo que antes se consideraba únicamente un beneficio personal adquiere ahora una nueva dimensión: un estudio de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) muestra que esta “circulación de cerebros” constituye un factor decisivo para que las startups tecnológicas sobrevivan y prosperen en el estado de São Paulo.

Los resultados de la investigación, apoyada por la FAPESP, fueron publicados en diciembre en el Journal of Technology Transfer.

“La movilidad funciona como un mecanismo sistémico. Hace que el conocimiento circule y ayuda a que la empresa se adapte mejor a la competencia. Pero ese impacto no es igual para todos; varía según la intensidad tecnológica de la empresa”, explica Angélica Pigola, investigadora posdoctoral de la Facultad de Ciencias Aplicadas de la Unicamp y primera autora del estudio, realizado en colaboración con los investigadores Bruno Fischer y Gustavo Salati.

Para llegar a esta conclusión, el equipo analizó la trayectoria de más de 400 emprendedores cuyos proyectos recibieron apoyo del Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (PIPE) de la FAPESP entre 2015 y 2020.

Los investigadores cruzaron información sobre dónde estudiaron estos profesionales, por qué instituciones pasaron y qué certificaciones internacionales obtuvieron. A partir de ello, desarrollaron una métrica denominada “movilidad”, que considera la distancia entre los distintos entornos en los que el emprendedor desarrolló su trayectoria, incluyendo cambios de institución, de región, de nivel de formación y el establecimiento de contactos fuera de la “burbuja” en la que surgió el negocio.

Posteriormente, utilizaron un algoritmo de aprendizaje automático para relacionar estos datos de movilidad con el nivel de intensidad tecnológica de las empresas fundadas por estos emprendedores (alta, media o baja) y analizar cuáles lograron mantenerse en el tiempo.

La elección de la supervivencia como indicador no fue casual. “Sabemos que la empresa existe, pero no disponemos de datos precisos sobre su facturación, rentabilidad o crecimiento”, explica la investigadora. “Como, por lo general, los datos financieros estandarizados y comparables están más disponibles para las empresas que cotizan en bolsa, nuestra capacidad para medir el impacto real en compañías de capital privado es limitada. Por ello, la supervivencia se convirtió en el indicador para relacionar el éxito del negocio con la trayectoria de su fundador”.

La hipótesis era que las empresas de alta tecnología, que requieren liderazgo altamente calificado y acceso a mercados complejos, serían las que más se beneficiarían de la experiencia internacional de sus fundadores. “En estos casos, la movilidad es un activo estratégico: estudiar en el extranjero o desenvolverse en diferentes ecosistemas amplía el repertorio y facilita el diálogo en los procesos de internacionalización”, afirma la investigadora.

Los datos confirmaron esta hipótesis: la movilidad contribuye significativamente a la supervivencia de las empresas, especialmente en los sectores de tecnología media y alta, donde el lugar en el que se establece la empresa y el apoyo que recibe marcan una diferencia decisiva.

“El estudio no establece relaciones deterministas ni porcentajes [de incremento en la supervivencia atribuibles a la movilidad internacional de los fundadores]. Más bien, indica que, en contextos de alta intensidad tecnológica, la circulación de personas amplía el acceso al conocimiento, las redes de contactos y la capacidad de adaptación”, concluye Pigola.

Políticas públicas a la medida

Los hallazgos de la investigación pueden servir de guía para diseñar políticas públicas más inteligentes. Según Pigola, el uso de datos sólidos ayuda a reducir los sesgos y hace que la toma de decisiones sea más transparente. “No tiene sentido crear una política nacional de movilidad genérica y esperar que responda a las necesidades de una región del interior del estado de São Paulo”, ejemplifica. “Necesitamos comprender las particularidades locales. Con datos regionales consistentes, podríamos diseñar políticas mucho más eficaces.”

El estudio no termina aquí. Actualmente, el equipo trabaja con la teoría de los sistemas adaptativos complejos, considerando los ecosistemas de emprendimiento como mosaicos: configuraciones únicas que cambian según el lugar y la historia de cada empresa. “Queremos identificar patrones, pero sin caer en la ilusión de que existe una fórmula mágica”, afirma Pigola. “Es un trabajo de largo plazo que exige respetar la complejidad de cada contexto.”

Para la investigadora, el mensaje es claro: Brasil necesita considerar la movilidad internacional como una inversión estratégica, y no como un costo. “Necesitamos utilizar los datos para mejorar nuestro entorno”, concluye. En un país que aún enfrenta dificultades para formar y conectar talento, el estudio refuerza la idea de que invertir en experiencias internacionales puede ser tan importante como invertir recursos financieros en una startup.

El desafío de la mortalidad empresarial

Datos de la organización sin fines de lucro Sebrae (Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas) muestran que el 29 % de las empresas brasileñas cierran antes de cumplir cinco años. En el caso de las startups tecnológicas, el problema es aún mayor: aunque el país contaba con alrededor de 20.000 empresas de este tipo activas en 2023, según la Asociación Brasileña de Startups (ABStartups), la tasa de mortalidad sigue siendo elevada, especialmente entre aquellas que no logran escalar sus operaciones o expandirse más allá del mercado nacional. Estudios realizados por observatorios del ecosistema de innovación, como los citados por el Observatorio Sebrae Startups y asociaciones del sector, indican que la mortalidad entre los emprendimientos de alta tecnología puede superar el 50 % en ese mismo período, como reflejo del profundo “valle de la muerte” que enfrentan los modelos de negocio que requieren largos ciclos de investigación y maduración antes de alcanzar la escala comercial.

La barrera del idioma es apenas la punta del iceberg. “Sin comprender el país al que se quiere llegar o con el que se va a interactuar, es casi imposible internacionalizar un negocio”, afirma Pigola. “El inglés es lo básico, pero la experiencia internacional aporta algo más: rompe las barreras culturales y expone al emprendedor a otras formas de resolver problemas.”

Aquí surge una paradoja: mientras que los brasileños enfrentan obstáculos estructurales —como la dificultad para obtener financiamiento que les permita estudiar en el extranjero—, en los países desarrollados ese intercambio ocurre de manera natural. “Quien nace en la India o en Inglaterra tiene el inglés como lengua nacional o lo aprende desde muy temprano”, compara la investigadora. “Ellos tienen muchas puertas abiertas. En Brasil, ese sigue siendo un camino difícil.”

La falta de datos

El análisis utilizó datos públicos y bases de datos institucionales autorizadas, siempre de forma agregada y respetando la confidencialidad de las personas involucradas.

Pigola destaca que, aunque Brasil dispone de numerosas bases de datos relevantes, estas, rara vez están integradas entre sí, suelen estar desactualizadas o son de difícil acceso. Esta situación frena el avance de la ciencia y hace que muchas políticas públicas se diseñen sin información suficiente. “Los indicadores concretos ayudan a reducir la toma de decisiones basada en suposiciones”, afirma.

Esta falta de datos, concluye la investigadora, constituye un cuello de botella que debilita el ecosistema brasileño y dificulta el trabajo de quienes intentan comprender, con rigor científico, cómo funcionan la innovación y el emprendimiento en el país.

El artículo Mapping entrepreneurial mobility: a machine learning perspective on firm survival and ecosystem dynamics puede leerse en link.springer.com/article/10.1007/s10961-025-10305-8.

 

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