La investigación tuvo como base muestral 60 mil registros de desastres entre 1991 y 2024; en total, estos eventos ocasionaron 4.774 muertes, 3.031 desaparecidos y pérdidas económicas superiores a 123,89 millones de dólares (sobrevuelo de las áreas afectadas por las lluvias en Canoas, estado de Rio Grande do Sul, en mayo de 2024; crédito: Ricardo Stuckert/PR/Wikimedia Commons)
El análisis de 60 mil registros de inundaciones, anegamientos, crecidas repentinas, deslizamientos de tierra, tormentas y sequías desglosa los impactos regionales en Brasil y puede contribuir al diseño de políticas públicas
El análisis de 60 mil registros de inundaciones, anegamientos, crecidas repentinas, deslizamientos de tierra, tormentas y sequías desglosa los impactos regionales en Brasil y puede contribuir al diseño de políticas públicas
La investigación tuvo como base muestral 60 mil registros de desastres entre 1991 y 2024; en total, estos eventos ocasionaron 4.774 muertes, 3.031 desaparecidos y pérdidas económicas superiores a 123,89 millones de dólares (sobrevuelo de las áreas afectadas por las lluvias en Canoas, estado de Rio Grande do Sul, en mayo de 2024; crédito: Ricardo Stuckert/PR/Wikimedia Commons)
Por Luciana Constantino | Agência FAPESP – Cada vez más frecuentes y severos, los eventos climáticos extremos, como el episodio de El Niño previsto para 2026-2027, han provocado impactos ambientales, económicos y sociales en Brasil, lo que exige la implementación de políticas públicas específicas. Con el objetivo de transformar los datos científicos en una base para la formulación de acciones de prevención, adaptación y mitigación, un grupo de investigadores brasileños analizó cerca de 60.000 registros de desastres hidrogeológicos ocurridos en el país entre 1991 y 2024.
El estudio concluyó que el 91,5 % de los 5.570 municipios brasileños reportó al menos un desastre relacionado con inundaciones, anegamientos, crecidas repentinas, deslizamientos de tierra, tormentas o sequías durante ese período. De ellos, 1.814 ciudades registraron al menos un evento provocado por tres de estas causas y otros 270 enfrentaron desastres asociados a las seis. En total, el Nordeste fue la región con el mayor número de ciudades afectadas (1.765), seguido del Sudeste (1.405), Sur (1.152), Norte (433) y Centro-Oeste (342).
Entre los impactos analizados, los investigadores cartografiaron, por ejemplo, las muertes y las pérdidas económicas. En cuanto a los fallecimientos, el Sudeste concentró el mayor número relacionado con inundaciones, anegamientos, crecidas repentinas y deslizamientos de tierra; el Sur, con tormentas; y el Nordeste, con sequías. Se considera inundación cuando el cauce de un río se desborda; anegamiento, cuando el sistema de drenaje no es capaz de absorber el volumen de agua; y crecida repentina, cuando se produce una gran cantidad de lluvia en un corto período.
Al analizar las pérdidas por región (incluyendo daños materiales directos y consecuencias indirectas que afectan la economía y la capacidad de recuperación local), las inundaciones, anegamientos y crecidas repentinas tuvieron el mayor impacto en el Sur, mientras que los deslizamientos de tierra y las sequías afectaron principalmente al Nordeste, y las tormentas al Sudeste.
En este contexto se incluyen casos como el de São Sebastião, ciudad del litoral norte del estado de São Paulo que quedó parcialmente aislada durante el carnaval de 2023 tras lluvias de intensidad récord que provocaron al menos 60 muertes, además de pérdidas de infraestructura y daños materiales, así como la peor tragedia climática registrada en Rio Grande do Sul, que devastó el estado en mayo de 2024 con tormentas que afectaron a 2,3 millones de habitantes de 471 municipios y causaron más de 180 fallecimientos.
Realizado por científicos del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), de la Universidad de São Paulo (USP) y del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), el estudio fue publicado en la edición de abril de la revista Environmental Research Letters, que busca llamar la atención de los responsables de formular políticas públicas y de la comunidad científica sobre temas socioambientales.
“Quisimos alejarnos de la idea de que un desastre es algo sobrenatural, cuyas causas provienen de fuerzas desproporcionadas. Existen excepciones que los modelos climáticos no logran prever, pero para la mayoría de los eventos, organismos nacionales, como el Cemaden, emiten alertas y las autoridades son informadas de lo que puede ocurrir. El problema es la negligencia, la falta de infraestructura e incluso la ausencia de actuación. Decidimos denominarlos desastres socionaturales o socioambientales porque existe un agravante de origen antropogénico, no solo por el cambio climático, sino también por las deficiencias en la gestión pública”, afirma el investigador del Cemaden Elton Vicente Escobar Silva, primer autor del estudio, que forma parte de su investigación posdoctoral.
Silva destaca que, en los últimos años, Brasil ha avanzado en la consolidación de bases de datos que permiten comprender mejor los desastres. Sin embargo, el país aún enfrenta problemas relacionados con el registro de la información y con la estructura institucional necesaria para su seguimiento.
Limitaciones
Según los resultados del estudio, los 59.658 desastres naturales analizados fueron responsables de, al menos, 4.774 muertes y 3.031 personas desaparecidas, además de afectar a más de 129,79 millones de personas. Se estima que las pérdidas económicas superaron los 123.890 millones de dólares.
Sin embargo, los investigadores advierten que estas cifras probablemente sean mayores que las disponibles en las bases de datos. Para obtener los resultados se utilizaron datos del Sistema Integrado de Información sobre Desastres (S2iD) y del Atlas Digital de Desastres en Brasil. Ambas plataformas son de acceso público y están bajo la responsabilidad de la Secretaría Nacional de Protección y Defensa Civil (Sedec).
Estos registros son autodeclarados por los municipios y sirven, entre otros fines, para solicitar recursos al gobierno federal cuando las administraciones locales y estatales no tienen capacidad para enfrentar y responder a los eventos adversos que afectan a sus territorios. Es decir, muchos casos pudieron haber ocasionado pérdidas o víctimas mortales que no fueron registradas, ya sea porque las propias administraciones locales lograron gestionar la situación o por falta de estructura para realizar la notificación.
Un estudio de la Confederación Nacional de Municipios (CNM) estima que alrededor de 1.660 municipios del país no cuentan con una Defensa Civil organizada. Además, una investigación publicada el año pasado mostró que las defensas civiles necesitan invertir en profesionalización y disponer de recursos propios para hacer frente a los riesgos climáticos (lea más en: agencia.fapesp.br/54727).
En declaraciones a Agência FAPESP, Silva señala que el enfoque utilizado para recopilar los datos en estas plataformas no contempla una perspectiva de “multirriesgo”, por lo que deja de considerar los eventos que ocurren de manera simultánea. Por ejemplo, si un deslizamiento de tierra fue provocado por una inundación, solo uno de esos eventos queda registrado. Otro problema es la falta de precisión en el registro de las causas de muerte asociadas a los desastres.
Por su parte, la plataforma S2iD solo dispone de datos a partir de 2013 y su base de información se ha ido ampliando con el paso de los años. El porcentaje de municipios que reportan desastres aumentó del 29 % en 2013 al 88 % en 2024. Esto genera vacíos en el análisis de la relación entre el aumento de los registros de desastres naturales y los factores climáticos.
En cuanto a las estimaciones monetarias de las pérdidas económicas, cuando la investigación fue concluida, los sistemas contenían información únicamente hasta 2024 (con datos correspondientes al año anterior, actualizados considerando la inflación).
A través de su oficina de comunicación, la Sedec informó a Agência FAPESP que está desarrollando nuevas versiones tanto del S2iD, cuyo lanzamiento está previsto para este año, como del Atlas Digital de Desastres. Estas permitirán registrar los eventos desde un enfoque multirriesgo y actualizar continuamente la información después del reconocimiento oficial por parte del gobierno federal.
“Para superar limitaciones históricas, como la falta de detalle en los daños humanos y la subnotificación por parte de los municipios, la nueva plataforma permitirá desagregar los datos por género y grupo etario, mientras la Sedec fortalece la cobertura del sistema mediante capacitaciones técnicas y programas de educación a distancia dirigidos a los gestores locales. Esta reestructuración busca reducir las asimetrías entre las defensas civiles estatales y municipales, consolidando el S2iD como una herramienta para la planificación y la formulación de políticas públicas”, informó la secretaría, que contó con uno de sus integrantes, Lucas Mikosz, como coautor del artículo.
Prevención
Para el sociólogo Victor Marchezini, investigador del Cemaden y también autor del artículo, es necesario invertir en mecanismos orientados a reducir las pérdidas y no únicamente a reparar los daños.
“Este estudio realiza un análisis longitudinal de los impactos de los desastres en Brasil y es importante porque demuestra que estos derivan de una crisis crónica, no de un fenómeno puntual. Debemos dejar de naturalizar las pérdidas económicas. ¿Hasta cuándo seguiremos invirtiendo recursos solo en la respuesta a los desastres y en la reconstrucción, sin pensar en mecanismos para reducir las pérdidas?”, cuestiona Marchezini, quien coordina el proyecto Capacidades Organizacionales de Preparación para Eventos Extremos (COPE), financiado por la FAPESP.
La Fundación apoyó la investigación mediante becas otorgadas a Silva (21/11435-4 y 24/02748-7), además del Centro de Investigación, Innovación y Difusión en Neuromatemática (NeuroMat) y otros dos proyectos (20/09215-3 y 23/13453-5).
“Buscamos que la ciencia contribuya a la formulación de políticas públicas. Es un esfuerzo para que los resultados lleguen a la sociedad”, concluye Silva. En su doctorado, combinó modelos de predicción de expansión urbana, de cambios en el uso del suelo y modelos hidrodinámicos para desarrollar una metodología capaz de proporcionar información geográfica que permita identificar las zonas con mayor riesgo de inundaciones en las ciudades, incluidas aquellas provocadas por lluvias extremas (más información en: agencia.fapesp.br/41637).
El artículo Water-related disasters in Brazil: an assessment from 1991 to 2024 puede leerse en iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/ae5991.
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