Etnias del Alto Xingu se reúnen anualmente en el Kuarup: el origen de los pueblos nativos es más complejo de lo que se sabía (foto: Mário Vilella/Funai)
Estudio con genomas completos de todo el continente reconstruye una historia más detallada del poblamiento del continente; el estudio fue portada de Nature
Estudio con genomas completos de todo el continente reconstruye una historia más detallada del poblamiento del continente; el estudio fue portada de Nature
Etnias del Alto Xingu se reúnen anualmente en el Kuarup: el origen de los pueblos nativos es más complejo de lo que se sabía (foto: Mário Vilella/Funai)
Por Maria Guimarães | revista Pesquisa FAPESP – Los pueblos indígenas que habitan América del Sur descienden de tres olas migratorias. La novedad es que una de ellas, más representada en la población actual, llegó desde Mesoamérica hace alrededor de 1.300 años, de acuerdo con un estudio realizado exclusivamente por investigadores del continente. Esto revela una mayor complejidad en la historia de los pueblos nativos, con una diversidad genética superior a la que se anticipaba. La investigación ocupa la portada de la última edición (07/05) de la revista científica Nature. “Llegamos a estas conclusiones mediante un trabajo muy intenso desde el punto de vista de las colaboraciones”, afirma la genetista Tábita Hünemeier, del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (IB-USP), en Brasil. Ella coordinó el estudio, en el que viene trabajando desde hace más de una década, y se sorprendió con la diversidad genética, más alta de lo que esperaba.
Se secuenciaron íntegramente 128 genomas, representando a 45 pueblos de ocho países latinoamericanos —Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Perú—, y se compararon con otras 71 secuencias disponibles en bases de datos. La idea fue estimar las afinidades genéticas entre todos los grupos indígenas americanos, teniendo en cuenta genomas antiguos. La investigadora celebra la presencia, entre los autores, de la biomédica Putira Sacuena, de la Universidad Federal do Pará (UFPA). “Ella fue la primera mujer indígena en trabajar con antropología genética”, afirma. La colaboración indígena en estudios relacionados con los pueblos nativos es considerada por los investigadores una novedad bienvenida en la búsqueda por comprender esta historia.
Este trabajo aporta información importante sobre lo que se sabe de la colonización humana de América del Sur. La primera ola migratoria dejó registros con edades de hasta 12 mil años en Lapa do Santo (lea más en: revistapesquisa.fapesp.br/es/los-pueblos-de-lagoa-santa-2/) y en la gruta de Sumidouro, en la región de Lagoa Santa (estado de Minas Gerais, Brasil), y en Chile. Hace alrededor de 9 mil años, otra migración dejó marcas distintas en el registro genético y arqueológico, en Perú y Argentina. Pero el Holoceno Medio, período comprendido entre hace 8 mil y 4,2 mil años, trajo cambios ambientales que perjudicaron los ecosistemas y la disponibilidad de recursos, afectando también a las poblaciones humanas.
Los pueblos indígenas que actualmente habitan el continente, en parte debido a ello, también descienden de individuos que llegaron hace cerca de 1.300 años desde la región que hoy corresponde a México. Esta tercera ola, que hasta ahora no había sido documentada, es la gran novedad. Los análisis de ADN también indican que, tras la llegada de los europeos en el siglo XVI, los grupos indígenas se volvieron menos numerosos y más aislados entre sí. En el tronco tupí, el estudio detectó señales de endocruzamiento —cuando la reproducción ocurre entre grupos pequeños, sin posibilidades de migración— en los pueblos Sirionó, Suruí y Karitiana, lo que indica un colapso poblacional probablemente resultante de epidemias, esclavización, alteraciones en las posibilidades de subsistencia y en el conocimiento tradicional. Es posible observar una recuperación reciente en algunas regiones de la parte occidental de América del Sur. La diversidad genética es mayor en América Central y en el Cono Sur.
Un enigma fue encontrar segmentos genómicos muy antiguos característicos de Australasia (Australia e islas de la región), de neandertales (de Europa) y de denisovanos (del este asiático), preservados en el ADN sudamericano. La hipótesis es que estos genes antiguos hayan desempeñado algún papel beneficioso aún desconocido y hayan sido mantenidos por selección natural. El foco del artículo era la diversidad y las trayectorias de las poblaciones, y no los aspectos funcionales, pero la identificación de regiones asociadas con la respuesta inmunitaria, rasgos cardiometabólicos, fertilidad y características antropométricas sugiere que futuros estudios podrán explorar más a fondo el papel de la evolución humana en el continente. Según Hünemeier, los marcadores genéticos utilizados en investigaciones anteriores habían sido diseñados a partir de poblaciones europeas y africanas, y no eran adecuados para comprender América. “Ahora tenemos parámetros.”
Lo importante —y que contradice algunas visiones sobre los grupos nativos— fue documentar la permanencia prolongada de grupos humanos en muchas áreas, con una pronunciada diversidad genética. Esto indica la necesidad de una representación más completa de estos pueblos en bancos genómicos globales. “Todo el mundo disponía de datos genómicos para contar la historia de su población, solo Brasil no los tenía”, evalúa el arqueólogo André Strauss, del Museo de Arqueología y Etnología (MAE) de la USP, quien no participó en el estudio. Él remite a un artículo publicado por él en 2018 en la revista Cell, sobre la historia antigua de la población sudamericana (lea más en: revistapesquisa.fapesp.br/es/cuando-habia-indigenas-en-lagoa-santa/), que dejó un misterio en el aire: si los pueblos de Lagoa Santa no eran los ancestros directos de los indígenas actuales, ¿quiénes son esos ancestros? “El artículo actual confirma las dos oleadas migratorias anteriores y caracteriza la tercera.”
Strauss tiene el objetivo de encontrar esa ola en el registro arqueogenético. “Buena parte de los esqueletos que tenemos son más antiguos; hay muy pocos pertenecientes a grupos ceramistas”, explica. Una razón es que las cavernas y los sambaquis son ambientes más propicios para la preservación de esqueletos, mientras que en lugares como la Amazonía estos se descomponen. A partir de lo que es posible reconstruir con los datos moleculares, todavía hay más información por venir. “Ya tenemos otras mil muestras secuenciadas”, afirma Hünemeier. “Entendemos que, para observar la diversidad de América y su complejidad, lo mejor es contar con pocos individuos de muchas poblaciones.”
La investigación fue apoyada por la FAPESP mediante los proyectos 15/26875-9 y 21/06860-8.

imagen: reproducción
El artículo The evolutionary history and unique genetic diversity of Indigenous Americans puede leerse en: nature.com/articles/s41586-026-10406-w.
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