Para la enfermedad renal crónica, la exposición de largo plazo al nivel más alto encontrado entre 2011 y 2021 aumentó considerablemente el riesgo para individuos entre 19 y 50 años, siendo hasta 2,5 veces mayor para hombres entre 51 y 75 años (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)
En diez años, los niveles de este tipo de contaminación en la ciudad de São Paulo (Brasil) llegaron a superar en más de cuatro veces el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud
En diez años, los niveles de este tipo de contaminación en la ciudad de São Paulo (Brasil) llegaron a superar en más de cuatro veces el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud
Para la enfermedad renal crónica, la exposición de largo plazo al nivel más alto encontrado entre 2011 y 2021 aumentó considerablemente el riesgo para individuos entre 19 y 50 años, siendo hasta 2,5 veces mayor para hombres entre 51 y 75 años (foto: Daniel Antônio/Agência FAPESP)
Por André Julião | Agência FAPESP – Un estudio apoyado por la FAPESP y publicado en la revista Scientific Reports mostró una fuerte correlación entre la concentración de material particulado en el aire de la ciudad de São Paulo, en Brasil, emitido principalmente por la quema de combustibles por vehículos, y las enfermedades renales.
El estudio estimó el riesgo de hospitalizaciones por tres afecciones renales de acuerdo con los niveles de este tipo de contaminación del aire entre 2011 y 2021. Los hombres, de diferentes grupos etarios, fueron quienes mostraron mayor riesgo de hospitalización.
Incluso la exposición a bajas concentraciones de este contaminante, considerando el límite estipulado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 15 micrómetros por metro cúbico (μg/m³) de material particulado fino en 24 horas, es suficiente para aumentar el riesgo de hospitalización en hombres por lesión renal aguda, una de las afecciones analizadas. El riesgo no aumenta para las mujeres en este caso.
“La exposición de los habitantes de São Paulo a este material llegó a 65 μg/m³, más de cuatro veces el máximo tolerable según la OMS. Sin embargo, incluso concentraciones dentro del límite todavía mostraron relación con hospitalizaciones por enfermedades renales, un resultado que indica la necesidad de intensificar las políticas para reducir la contaminación del aire”, afirma Iara da Silva, primera autora del estudio, parte de su doctorado en el Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas de la Universidad de São Paulo (IAG-USP) y actualmente realizando un posdoctorado en la Universidad Tecnológica Federal de Paraná (UTFPR).
El estudio forma parte del proyecto “La contaminación del aire es el motor del envejecimiento renal prematuro”, apoyado por la FAPESP y por la Organización Neerlandesa para la Investigación Científica (NWO), coordinado por Lucia Andrade, profesora de la Facultad de Medicina (FM) de la USP.
El trabajo también contó con apoyo de la FAPESP mediante el proyecto “Área Metropolitana de São Paulo: enfoque integrado de cambios climáticos y calidad del aire” (METROCLIMA MASP), coordinado por Maria de Fátima Andrade, profesora del IAG-USP.
Riesgo aumentado
El material particulado fino está compuesto por partículas, sólidas o líquidas, con menos de 2,5 micrómetros (μm); un micrómetro equivale a un milímetro dividido entre mil. Los resultados señalan que la exposición a este tipo de contaminación aumenta hasta cuatro veces el riesgo de hospitalización por enfermedad renal crónica, entre diferentes grupos etarios y niveles de exposición.
Para la enfermedad renal crónica, la exposición de largo plazo al nivel más alto encontrado durante el período analizado en el estudio, 65 μg/m³, aumentó considerablemente el riesgo para individuos entre 19 y 50 años, siendo hasta 2,5 veces mayor para hombres entre 51 y 75 años.
La exposición prolongada a altas concentraciones aumentó el riesgo de hospitalización por lesión renal aguda, otra afección que afecta los riñones, en hombres entre 19 y 50 años. El riesgo de glomerulopatías, que afectan las estructuras responsables de la filtración de la sangre, fue mayor en hombres menores de 40 años, especialmente para aquellos expuestos a concentraciones de 15 μg/m³ a 65 μg/m³, respectivamente el límite de exposición recomendado por la OMS en 24 horas y el valor más alto encontrado en el estudio.
Ese nivel de exposición también aumentó el riesgo acumulativo de hospitalización por nefropatía membranosa, una de las formas de glomerulopatía, independientemente de la edad y el sexo.
“La hipótesis es que el material particulado que respiramos puede pasar al torrente sanguíneo y depositarse en el tejido renal, donde es tomado por el sistema inmune como un cuerpo extraño, lo que hace que el organismo produzca una serie de mediadores inflamatorios, de fibrosis y de envejecimiento precoz [senescencia]”, explica Andrade.
En un trabajo anterior, su grupo comparó la respuesta a la lesión renal aguda en ratones de dos grupos: uno expuesto al aire de São Paulo y otro que respiraba el mismo aire después de pasar por una serie de filtros para purificarlo.
“En los animales, observamos que aquellos expuestos al material particulado tuvieron una enfermedad más grave. Hubo disminución de la filtración glomerular, más inflamación en los riñones, más vías de necroptosis [muerte celular], además de presentar marcadores de senescencia y fibrosis. A largo plazo, existe una mayor probabilidad de que la condición evolucione hacia enfermedad renal crónica”, afirma.
Para las investigadoras, los datos son preocupantes en términos de calidad de vida y costos de salud provocados por estas enfermedades, evitables o menos severas con menores niveles de contaminación. En casos graves, estos pacientes necesitan someterse a hemodiálisis, procedimiento que filtra la sangre fuera del cuerpo, e incluso a trasplante de riñón, órgano por el cual hay más pacientes esperando en lista.
En un próximo estudio, el grupo brasileño y neerlandés acompañará a pacientes trasplantados y comparará los desenlaces de salud bajo diferentes exposiciones al material particulado.
“Existen políticas públicas para reducir la contaminación del aire en marcha, que no han sido suficientes. Realmente necesitamos un nuevo modelo de desarrollo que no requiera la quema de combustibles fósiles, también principal responsable del calentamiento del planeta”, concluye Silva.
El trabajo también contó con apoyo de la FAPESP mediante una beca de Doctorado para Caroline Fernanda Hei Wikuats en el IAG-USP, con pasantía en la Universidad de Ámsterdam, en los Países Bajos.
El artículo Chronic PM2.5 exposure and increased risk of hospitalization for kidney disease in São Paulo, Brazil está disponible en: www.nature.com/articles/s41598-026-39558-5.
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