Informe del examen de DXA: a) Diferenciación de la composición corporal por colores, en la que el amarillo caracteriza la masa grasa; b) Segmentación del cuerpo en las regiones androide (A), ginoide (G) y visceral (VAT); c) Segmentación de la región pélvica (R1) (imagen: Ana Jéssica dos Santos Sousa)
Estudio realizado en la Universidad Federal de São Carlos concluye que la grasa visceral tiene mayor impacto sobre el problema que el peso corporal total
Estudio realizado en la Universidad Federal de São Carlos concluye que la grasa visceral tiene mayor impacto sobre el problema que el peso corporal total
Informe del examen de DXA: a) Diferenciación de la composición corporal por colores, en la que el amarillo caracteriza la masa grasa; b) Segmentación del cuerpo en las regiones androide (A), ginoide (G) y visceral (VAT); c) Segmentación de la región pélvica (R1) (imagen: Ana Jéssica dos Santos Sousa)
Por Fernanda Bassette | Agência FAPESP – La acumulación de grasa en la región abdominal, especialmente la grasa visceral (la que se deposita entre los órganos), aumenta significativamente el riesgo de incontinencia urinaria de esfuerzo en mujeres. La conclusión proviene de un estudio realizado en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), en el estado de São Paulo, Brasil, y apoyado por la FAPESP (procesos 13/00798-2 y 22/16910-5), que identificó esta región como la más asociada a la pérdida involuntaria de orina, superando la grasa corporal total. Los resultados, publicados en el European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology, también indican que la distribución de la grasa en el cuerpo puede ser más determinante que el propio peso para explicar la condición.
La incontinencia urinaria de esfuerzo se caracteriza por la pérdida involuntaria de orina en situaciones cotidianas, como toser, reír, cargar peso o practicar ejercicio. “Es aquella pérdida urinaria que ocurre cuando aumenta la presión dentro del abdomen y el suelo pélvico no logra contenerla”, explica Patricia Driusso, profesora de Fisioterapia en Salud de la Mujer de la UFSCar y directora del estudio. Aunque muchas veces se asocia únicamente al envejecimiento, la condición no es exclusiva de mujeres mayores. “Ocurre en mujeres de todas las edades, incluso en aquellas muy jóvenes. Esta musculatura del suelo pélvico se trabaja poco a lo largo de la vida y, sin un entrenamiento adecuado, puede debilitarse y perder su función”, afirma.
El trabajo forma parte de una línea de investigación más amplia sobre disfunciones del suelo pélvico que incluyen, además de la incontinencia urinaria, problemas como incontinencia fecal, prolapso de órganos pélvicos (cuando estructuras como el útero y la vejiga descienden por el canal vaginal), disfunciones sexuales y dolor pélvico crónico. En esta etapa, los investigadores decidieron analizar específicamente la relación entre la distribución de la grasa corporal y la pérdida urinaria. El estudio fue realizado por la fisioterapeuta Ana Jéssica dos Santos Sousa, primera autora del trabajo, en colaboración con la Western Michigan University, en Estados Unidos.
Para obtener los resultados, se evaluaron 99 mujeres entre 18 y 49 años, reclutadas en la ciudad de São Carlos. El estudio se centró exclusivamente en mujeres porque la incontinencia urinaria es significativamente más común en este grupo. En los hombres, el problema suele estar asociado principalmente a cirugías de próstata, mientras que en las mujeres intervienen múltiples factores, como características anatómicas, embarazo, menopausia y una mayor sobrecarga sobre el suelo pélvico.
Las participantes no necesitaban tener un diagnóstico previo de incontinencia y también presentaban distintos IMC (índice de masa corporal), lo que permitió comparar diferentes perfiles. Se sometieron a un examen denominado Absorciometría de Rayos X de Doble Energía (DXA), considerado el estándar de oro para el análisis de la composición corporal, capaz de medir no solo la cantidad total de grasa, sino también su distribución en regiones específicas del cuerpo.
Los investigadores analizaron la grasa total, la grasa abdominal (androide), la grasa de la región ginecológica (ginoide) y la grasa visceral (que se encuentra entre los órganos). Además, aplicaron cuestionarios validados para identificar la presencia de incontinencia y evaluar el impacto de los síntomas en la calidad de vida de las mujeres. Aproximadamente el 39,4 % de las participantes reportó episodios de pérdida urinaria, cifra compatible con estimaciones internacionales.
“El problema suele estar subnotificado, pero incluso pocos episodios de pérdida urinaria ya indican que el mecanismo de continencia no está funcionando adecuadamente”, advierte la profesora, al destacar que muchas mujeres tienden a normalizar pequeños escapes, creyendo que se trata de episodios aislados.
Impacto de la grasa visceral
Los resultados mostraron que las mujeres con mayor cantidad de grasa corporal tenían más probabilidades de presentar incontinencia. Sin embargo, el principal hallazgo fue el papel de la grasa visceral: la presencia de este tipo de grasa elevó en aproximadamente un 51 % la probabilidad de incontinencia urinaria de esfuerzo. “Este fue el factor más fuertemente asociado. Pensábamos que la grasa de la región ginecológica, por estar más próxima al suelo pélvico, tendría mayor influencia, pero lo que apareció fue la grasa visceral”, afirma Driusso.
Según la investigadora, la posible explicación involucra distintos mecanismos. El primero es mecánico: como la grasa visceral se acumula dentro de la cavidad abdominal, aumenta la presión sobre los órganos internos y sobrecarga el suelo pélvico, estructura responsable de sostener la vejiga y controlar la salida de la orina. “El exceso de peso en esa región genera una sobrecarga constante. Con el tiempo, esta musculatura puede volverse más fatigada y menos eficiente”, explica.
El segundo mecanismo es metabólico. La grasa visceral no funciona únicamente como un depósito de energía, ya que es metabólicamente activa y libera sustancias inflamatorias que circulan por el organismo. Este proceso puede comprometer la calidad muscular y reducir la capacidad de contracción, incluidos los músculos del suelo pélvico. “Hablamos de una inflamación crónica de bajo grado, que va afectando distintos tejidos del cuerpo. Esto también puede contribuir al debilitamiento muscular”, señala la profesora.
Además, la obesidad ya es reconocida como un factor de riesgo para la incontinencia urinaria, junto con el envejecimiento, la menopausia, el número de gestaciones y las condiciones del parto. En cuanto al parto, Driusso hace una advertencia: “El problema no es el parto en sí, sino la atención obstétrica. Intervenciones inadecuadas, como la episiotomía [incisión quirúrgica realizada en el periné, región muscular entre la vagina y el ano, durante el parto vaginal para ampliar la abertura vaginal], pueden aumentar el riesgo de disfunciones del suelo pélvico”, afirma.
Prevención y tratamiento
Según Driusso, el estudio aporta una contribución importante al mostrar que no solo el exceso de peso, sino también la forma en que la grasa está distribuida en el cuerpo, puede influir en el desarrollo del problema, incluso en mujeres con IMC dentro del rango considerado normal. Sin embargo, al tratarse de un estudio transversal —que analiza a los participantes en un único momento—, los investigadores no pueden afirmar una relación de causa y efecto, sino únicamente que existe una asociación entre los factores. Aun así, los hallazgos ayudan a orientar estrategias de prevención y cuidado.
Una de las principales formas de tratamiento es el fortalecimiento de la musculatura del suelo pélvico mediante fisioterapia en salud de la mujer. “Hoy contamos con un alto nivel de evidencia de que el entrenamiento de esta musculatura es eficaz. Es el estándar de oro para tratar la incontinencia urinaria de esfuerzo”, afirma Driusso.
Según la especialista, el acompañamiento profesional es esencial, ya que muchas mujeres no logran realizar correctamente la contracción de estos músculos por sí solas. “Alrededor del 30 % de las mujeres no consigue contraer adecuadamente sin orientación. Algunas realizan el movimiento contrario, lo que incluso puede empeorar el cuadro”, explica. El entrenamiento, cuando está bien orientado, puede generar una mejora significativa en aproximadamente tres meses. Sin embargo, como cualquier otro grupo muscular, el suelo pélvico necesita ejercitarse de forma continua. “Si se deja de entrenar, pierde fuerza. Es un cuidado que debe mantenerse a lo largo de la vida”, señala.
Los investigadores ya planifican los próximos pasos del estudio, incluyendo el uso de resonancia magnética para evaluar la presencia de grasa infiltrada directamente en los músculos, un fenómeno conocido como mioesteatosis. También analizan si las mujeres con obesidad pueden beneficiarse de protocolos específicos de entrenamiento.
Para Driusso, los resultados refuerzan la necesidad de ampliar el debate sobre el tema, aún rodeado de tabú. “La incontinencia urinaria impacta la calidad de vida, limita actividades y muchas veces es silenciosa. Pero tiene tratamiento y prevención. Lo más importante es que las mujeres sepan que no necesitan convivir con esto.”
El artículo Which body region’s fat accumulation increase the risk of stress urinary incontinence? puede leerse en: www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301211526000230.
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