Un estudio revela que el confinamiento ha modificado la conducta alimentaria de las mujeres en Brasil | AGÊNCIA FAPESP

Un estudio revela que el confinamiento ha modificado la conducta alimentaria de las mujeres en Brasil Más de mil voluntarias contestaron un cuestionario online elaborado por investigadores brasileños del país. Y los resultados indican que hay más de ellas cocinando, sentándose a la mesa para comer, picando entre las comidas principales y pidiendo platos por delivery. En tanto, la cantidad de adeptas a las dietas y a las compras en supermercados ha disminuido (foto: Pixabay)

Un estudio revela que el confinamiento ha modificado la conducta alimentaria de las mujeres en Brasil

04 de febrero de 2021

Por Karina Toledo  |  Agência FAPESP – Las medidas de aislamiento social implementadas para contener al COVID-19 han modificado la conducta alimentaria de las mujeres en Brasil independiendo de su peso o de su estado nutricional, según lo revela una investigación online realizada en el país entre los meses de junio y septiembre de 2020 con 1.183 participantes.

En general se han vuelto más comunes los hábitos de cocinar (+28%), sentarse a la mesa para comer (+40%), picar entre las comidas principales (+24%) y pedir alimentos por delivery (+146%). En contrapartida, ha disminuido la cantidad de adeptas a las compras en supermercados (-34%) y a las dietas de control o reducción de peso (-41%).

Las voluntarias con índice de masa corporal (IMC) considerado normal (eutróficas) señalaron preocupaciones con “la salud”, “el origen natural” y “el bienestar afectivo” como los principales factores que influyeron en la selección de los alimentos consumidos durante la cuarentena. En tanto, las mujeres con sobrepeso mencionaron “el placer” y “la conveniencia”, además de “la salud” y “el origen natural”. Entre las obesas, “lo visual” y “el placer” fueron los dos principales determinantes de la selección alimentaria. Los datos completos de este estudio, que contó con el apoyo de la FAPESP, se encuentran disponibles en un artículo publicado en la plataforma medRxiv, aún sin revisión por pares.

“Esta investigación revela que el confinamiento alteró la conducta de todas las participantes, independiendo de su estado nutricional. Pero vale remarcar que las motivaciones de la selección de los alimentos entre las mujeres obesas y las eutróficas ya eran distintas antes de la pandemia, y esto se mantuvo así. El llamado ‘comer emocional’ aparece en forma más incisiva entre las voluntarias obesas o con sobrepeso, algo que se debe tener en cuenta al pensar políticas públicas orientadas hacia la nueva normalidad de las mujeres brasileñas”, dice Bruno Gualano, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP) y coautor del estudio, encabezado por Carolina Nicoletti Ferreira, también de la FM-USP.

De acuerdo con el investigador, este trabajo se centró en las mujeres pues son ellas quienes en mayor medida se hacen responsables de la definición del menú familiar en Brasil. Asimismo, según Gualano, los datos que figuran en la literatura científica sugieren que el sexo femenino es más proclive al “comer emocional” que el masculino, y también a vivenciar sentimientos de ansiedad, depresión y soledad en un contexto de aislamiento como el que ha generado la pandemia.

Participaron en la investigación voluntarias con edades entre 18 y 72 años (la mediana se ubicó en alrededor de 34 años) de diversas regiones de Brasil, en su mayoría blancas (77,8%), solteras (55,5%) y con alta escolaridad (72,4%), características que corresponden a la población de clase media y clase media alta, que contó con más condiciones para permanecer confinada durante los meses que se realizó el estudio. Con relación al IMC de las participantes, el 13,4% se declararon obesas, el 26,2% afirmaron estar con sobrepeso y el 60,4%, eutróficas.

“La principal salvedad que le hago a este estudio hace referencia a que no pudimos tener acceso a la población más vulnerable y periférica, pese a haber realizado un gran esfuerzo en tal sentido. Las mujeres negras, pobres y de menor escolaridad se encuentran poco representadas en nuestra muestra y es muy probable que para ellas los cambios alimentarios generados por la pandemia hayan sido más perjudiciales aún, motivados fundamentalmente por el precio de los alimentos”, comenta Gualano.

Este cuestionario se dio a conocer con la ayuda de colaboradores del medio académico, líderes comunitarios, redes sociales, servicios de salud y medios de comunicación y de divulgación científica. Para participar era necesario únicamente tener más de 18 años y responder un cuestionario disponible online. El acceso limitado a internet y eventuales dificultades de lectura y escritura pueden haber contribuido para disminuir la participación de mujeres con menor escolaridad, a juicio de Gualano.

Este trabajo contó con financiación de la FAPESP en el marco de diversos proyectos: (17/13552-2, 19/14820-6, 19/14819-8, 15/26937-4 y 20/07860-9). 

Estado de espíritu versus estado nutricional

Tras analizar las respuestas de las participantes mediante métodos estadísticos, los investigadores detectaron la existencia de una fuerte correlación entre los hábitos nutricionales considerados no sanos –tales como comer mirando televisión, reemplazar platos por bocadillos o picadas entre las comidas– y sentimientos de depresión, ansiedad, estrés y soledad.

Un dato que les llamó la atención a los investigadores fue la merma de un 41% en la práctica de dietas. La explicación optimista, según Gualano, indica que las mujeres sabiamente habrían abandonado los menús más restrictivos porque se erigían como un factor generador de estrés.

“Pero esto también puede constituir una señal de dejadez con la salud. Existen estudios que muestran que, durante la cuarentena, las mujeres están pasando más tiempo sentadas y practicando menos ejercicios físicos vigorosos. Asimismo, aumentaron el consumo de bebidas alcohólicas, productos ultraprocesados y cigarrillos. Existe una sensación de que todo está permitido ya que estamos atravesando una pandemia. El problema reside en que esta situación se ha prolongado y el teletrabajo parece haber llegado para quedarse. Las empresas ya están adaptándose y gran parte de esas mujeres seguirán en casa. Por este motivo, existe un riesgo de que estos hábitos temporales se vuelvan permanentes”, sostiene.

El investigador remarca que existen intervenciones con miras a afrontar este problema y aboga por la implementación de políticas públicas orientadas fundamentalmente hacia las poblaciones más vulnerables, para las cuales los impactos de la pandemia tienden a ser más severos y a incluir factores tales como el agravamiento de enfermedades crónicas, la inseguridad alimentaria y la desocupación.

Una de las alternativas consistiría a en capacitar al personal de los hospitales y de los centros de atención primaria [UBS en Brasil], y a los agentes sanitarios del Programa de Salud de la Familia (PSF), para que puedan trasmitirle orientaciones nutricionales a la población.

Puede leerse e artículo intitulado Influence of nutritional status on eating habits and food choice determinants among Brazilian women during the COVID-19 pandemic en el siguiente enlace: www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.11.03.20225136v2.full.pdf

USP móvil

Aparte de investigar el impacto de la cuarentena sobre la salud de las personas sanas, los investigadores de la FM-USP han venido realizando un seguimiento de grupos de pacientes que antes de la pandemia se atendían presencialmente en el Hospital de Clínicas (HC-FM-USP) para tratarse de condiciones crónicas tales como la artritis reumatoide o la obesidad.

“Algunas de esas personas se habían sometido recientemente cirugías bariátricas y, por ese motivo, atravesaban un momento de vulnerabilidades. Debían acostumbrarse con un cuerpo distinto, con una nueva dieta y con diversos cambios en sus rutinas. Pero el HC tuvo que habilitar nuevas camas para atender a los pacientes con COVID-19 y esos grupos quedaron entonces sin asistencia”, comenta Gualano.

El investigador tuvo la idea de alquilar un coche –que se ganó el mote de USP móvil– y, con la colaboración de investigadores y de estudiantes de posgrado, entre ellos Diego Rezende, Sofia Sieczkowska, Gabriel Perris Esteves, Rafael Genario, Michele Nakahara-Melo, Karla Fabiana Goessler y Anthony Damiot, empezó hacerles visitas domiciliarias a los pacientes.

Durante esos encuentros, se monitoreaba la práctica de actividades físicas mediante la aplicación de un cuestionario y con un acelerómetro, un aparato que va sujeto al cuerpo y que se emplea para medir el movimiento en el transcurso del día. También se evaluaron la rutina alimentaria y la salud mental.

Los pacientes estudiados exhibían en su mayoría un aumento en la presión arterial, con un 25% registrando inflamación sistémica y un 20% que no seguían las recomendaciones médicas para ingestión de suplementos vitamínicos y minerales. Asimismo, un tercio de ellos manifestaban síntomas depresivos, un 40% padecían algún tipo de ansiedad y tres pacientes informaron tener pensamientos suicidas, por eso se los derivó para su atención con un especialista.

Alrededor del 60% de los evaluados no realizaron la cantidad mínima de actividad física recomendada y los más inactivos fueron los que mostraban la peor salud física y mental. A estas personas se las sometió a un programa a distancia de ejercicios en el transcurso de tres meses. El grupo de investigación se encuentra analizando los resultados de esta intervención actualmente.

Los hallazgos preliminares de este trabajo –apoyado por la FAPESP y por la Cátedra de Reumatología de la FM-USP– se publicaron en las revistas Obesity y Obesity Surgery, en la plataforma medRxiv y en un video cuya realización estuvo a cargo del grupo de la FM-USP.

 

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