La nueva cara de Luzia y del pueblo de Lagoa Santa | AGÊNCIA FAPESP

La nueva cara de Luzia y del pueblo de Lagoa Santa Un estudio internacional determina que esta población de Brasil descendía de los migrantes de la cultura de Clovis norteamericana, lo que invalida la fisonomía africana que se le adjudicaba a ese cráneo femenino (imágenes: André Strauss y Caroline Wilkinson)

La nueva cara de Luzia y del pueblo de Lagoa Santa

15 de noviembre de 2018

Por Peter Moon  |  Agência FAPESP – La historia del poblamiento de América posee ahora una nueva interpretación. El mayor y más vasto estudio basado en ADN fósil extraído de los más antiguos restos humanos hallados en el continente ha confirmado la existencia de un solo contingente poblacional ancestral de todas las etnias amerindias pasadas y presentes. 

Hace más de 17 mil años, los miembros de aquel contingente original cruzaron el estrecho de Bering provenientes de Siberia para llegar a Alaska y luego poblar el Nuevo Mundo. El ADN fósil indica que los integrantes de aquella corriente migratoria tenían afinidad con los pueblos de Siberia y del norte de China, es decir que no poseían ADN africano o de Australasia, tal como lo indicaba la teoría tradicional.

Una vez en América del Norte, de acuerdo con lo que se revela en este nuevo estudio, los descendientes de aquella corriente migratoria ancestral se diversificaron en dos linajes, hace alrededor de 16 mil años. Los miembros de uno de dichos linajes cruzaron el istmo de Panamá y poblaron América del Sur en tres oleadas distintas y consecutivas. 

La primera de estas oleadas se concretó hace entre 15 mil y 11 mil años, en tanto que la segunda se produjo hace a lo sumo 9.000 años. Existen registros de ADN fósil de ambas migraciones en todo el continente sudamericano. Una tercera oleada fue mucho más reciente y tuvo una influencia restringida, pues ocurrió hace 4.200 mil años; y sus miembros se fijaron en los Andes centrales.

Este estudio salió publicado en la revista Cell y estuvo a cargo de un grupo de 72 investigadores de ocho países pertenecientes a instituciones tales como la Universidad de São Paulo (USP), en Brasil, la Harvard University, en Estados Unidos, y el Instituto Max Planck, en Alemania.

Los resultados de esta investigación sugieren que los miembros del linaje de humanos que ejecutó el trayecto norte-sur hace entre 16 mil y 15 mil años pertenecían a la llamada cultura de Clovis, tal el nombre que se le dio a un conjunto de sitios arqueológicos con datación entre 13.500 y 11.000 años, todos situados en el oeste de Estados Unidos. 

Clovis es el nombre de la pequeña ciudad de Nuevo México en donde se encontraron en la década de 1930 las primeras puntas de flechas de piedra tallada cuyo formato se convirtió en un identificador de la cultura homónima. En América del Norte, la cultura de Clovis está asociada a la caza de la megafauna pleistocénica, la de los perezosos terrestres y los mamuts. Con la declinación y la extinción de la megafauna, hace 11 mil años, aquella cultura eventualmente desapareció. Sin embargo, mucho antes de ello, bandas de cazadores-recolectores, al explorar nuevas áreas de caza cada vez más al sur, eventualmente terminaron ocupando América Central, tal como lo comprueba el ADN fósil de 9.400 mil años de un humano de Belice analizado en el marco del nuevo estudio. 

Posteriormente, quizá persiguiendo manadas de mastodontes, bandas de cazadores-recolectores clovis cruzaron el istmo del Panamá para invadir y propagarse por América del Sur, tal como lo evidencian los registros genéticos de entierros humanos en Brasil y en Chile que ahora han sido revelados. Esta evidencia genética corrobora otras evidencias arqueológicas conocidas como la del sitio Monte Verde, en el sur de Chile, donde humanos descuartizaban mastodontes hace 14.800 años.

Entre los diversos sitios clovis conocidos, el único entierro humano asociado a las herramientas de esta cultura se ubica en el estado de Montana. Allí se hallaron los restos de un muchacho –apodado Anzick-1– de unos de 12.600 años. El ADN extraído de sus huesos está relacionado con el ADN de los esqueletos del pueblo de Lagoa Santa, un grupo de humanos antiguos que habitó el Brasil central –más específicamente, las grutas de los alrededores de Lagoa Santa (en el estado de Minas Gerais)– hace entre 10 mil y 9 mil años. En otras palabras, el pueblo de Lagoa Santa desciende en parte de los migrantes de la cultura de Clovis de América del Norte. 

"Desde el punto de vista genético, el pueblo de Lagoa Santa desciende de los primeros amerindios”, dijo el arqueólogo André Menezes Strauss, del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE-USP), quien coordinó la parte brasileña del trabajo. 

"Sorprendentemente, los miembros de aquel primer linaje de sudamericanos no dejaron descendencia identificable entre los actuales pueblos amerindios. Alrededor de 9.000 años atrás, su ADN desapareció completamente de las muestras fósiles. Fue reemplazado por el ADN de la primera oleada migratoria, anterior a la cultura de Clovis, de la cual descienden todos los amerindios vivos. Aún no sabemos los motivos que llevaron a la desaparición de las existencias genéticas del pueblo de Lagoa Santa", dijo. 

Una posibilidad al respecto de la desaparición del ADN de la segunda migración, encontrado en el ADN del pueblo de Lagoa Santa, indica que se habría diluido en medio del ADN de los amerindios descendientes de los integrantes de la primera oleada poblacional, pero se volvió identificable con los métodos actuales de la investigación genética. 

De acuerdo con la genetista Tábita Hünemeier, del Instituto de Biociencias (IB) de la USP, quien participó en la investigación, "uno de los principales resultados del trabajo fue la identificación del pueblo de Luzia como una población genéticamente relacionada con la cultura de Clovis, lo que echa por tierra la idea de los dos componentes biológicos, de la posibilidad de que hubiera habido dos migraciones hacia América, una con rasgos más africanos y la otra con rasgos más asiáticos”. 

"El pueblo de Luzia sería el resultado de una oleada poblacional originaria de Beringia", dijo en referencia al puente de tierra actualmente sumergido que, durante la edad del hielo, cuando el nivel de los mares era mucho más bajo, unía a Siberia con Alaska.

"De 9.000 mil años hacia acá, los datos moleculares sugieren que hubo un reemplazo poblacional en América del Sur. Los miembros del pueblo de Luzia desaparecieron y fueron reemplazados por los amerindios actuales, aunque ambos pueblos hayan tenido un origen común en Beringia", dijo Hünemeier.

El aporte brasileño

El trabajo de los científicos brasileños constituyó un aporte fundamental para el estudio. Entre los 49 individuos de los cuales se extrajo ADN fósil, siete esqueletos con edades entre 10.100 y 9.1000 años son provenientes de la Lapa do Santo, un refugio rocoso situado en Lagoa Santa. 

Aquellos siete esqueletos, junto a decenas de otros, fueron hallados y desenterrados en el marco de expediciones arqueológicas sucesivas a la zona, encabezadas inicialmente por el antropólogo físico Walter Alves Neves, del IB-USP, y desde 2011 por Strauss. Las campañas arqueológicas impulsadas por Neves entre 2002 y 2008 contaron con financiación de la FAPESP

En total, en el nuevo estudio se investigó el ADN fósil de 49 individuos provenientes de 15 sitios arqueológicos situados en Argentina (2 sitios, 11 individuos con edades entre 8.900 y 6.600 años), Belice (1 sitio, 3 individuos con edades entre 9.400 y 7.300 años), Brasil (4 sitios, 15 individuos con edades entre 10.100 y 1.000 años), Chile (3 sitios, 5 individuos con edades entre 11.100 y 540 años) y Perú (7 sitios, 15 individuos con edades entre 10.100 y 730 años).

Los esqueletos brasileños provienen de los sitios arqueológicos de Lapa do Santo (7 individuos con alrededor de 9.600 años), y Jabuticabeira 2 (un conchero o sambaquí ubicado en el estado sureño de Santa Catarina, con 5 individuos de alrededor de 2.000 años), así como de dos sambaquíes fluviales de Vale do Ribeira, en el estado de São Paulo: Laranjal (2 individuos con alrededor de 6.700 años) y Moraes (1 individuo con alrededor de 5.800 años).

El arqueólogo Paulo Antônio Dantas de Blasis, del MAE-USP, fue el responsable del trabajo arqueológico realizado en el conchero Jabuticabeira 2, que también contó con el apoyo de la FAPESP en el marco de un Proyecto Temático.

Las investigaciones en los sambaquíes fluviales paulistas quedaron bajo la responsabilidad del arqueólogo Levy Figuti, del MAE-USP, también con el apoyo de la FAPESP

“El esqueleto de Moraes (5.800 años) y el de Laranjal (6.700 años) se ubican entre los más antiguos del sur y sudeste de Brasil. Presentan una situación estratégicamente singular, al estar entre la meseta y la costa, y contribuyen así significativamente a la comprensión del proceso de poblamiento de la región sudeste del país”, dijo Figuti. 

Estos esqueletos fueron encontrados entre 2000 y 2005. De entrada representaban una cuestión compleja, al mezclar características culturales interioranas y costeras. Y los análisis referentes a los esqueletos generalmente tenían resultados variados, excepto en un esqueleto, que fue diagnosticado como paleoindio (aún no se ha completado su análisis de ADN).

“El estudio que ahora se ha publicado constituye un gran avance en la investigación arqueológica, ya que incrementa exponencialmente lo que sabíamos hasta hace pocos años sobre la arqueogenética del poblamiento de América”, dijo Figuti. Más recientemente, cobró relieve la contribución para la reconstrucción de la historia humana en América del Sur de la paleogenómica realizada por Hünemeier.

La genética amerindia

No todos los restos humanos fósiles hallados en algunos de los más antiguos sitios arqueológicos de Américas Central y América del Sur pertenecen a individuos genéticamente descendientes de la cultura de Clovis. Existen diversos sitios cuyos habitantes no contaban con ADN asociado a ella.

"Esto demuestra que más allá de la contribución genética, la segunda oleada migratoria hacia América del Sur, que estaba relacionada con Clovis, posiblemente también trajo consigo principios tecnológicos que se habrían expresado en las famosas puntas cola de pescado que se encontraron en gran parte de América del Sur", dijo Strauss.

Hasta ahora no se sabía cuántas corrientes migratorias humanas originarias de Asia habrían ingresado a América al final de la edad de hielo, hace más de 16 mil años. La teoría tradicional, formulada en la década de 1980 por Walter Neves y otros científicos, daba cuenta de que habría habido una primera oleada de humanos cuyos miembros poseían características africanas o similares a los aborígenes de Australia. 

De acuerdo con esa hipótesis se modeló la famosa reconstrucción facial de Luzia, nombre que se le dio al cráneo de una mujer que vivió en Lagoa Santa hace 12.500 años y a quien, por ese motivo, cariñosamente se la denominó como “la primera brasileña”. 

El busto de Luzia con facciones africanas fue elaborado con base en la morfología de su cráneo, en un trabajo a cargo del experto británico Richard Neave en la década de 1990.

"Con todo, la forma del cráneo no constituye un marcador confiable de ancestralidad o de origen geográfico. Por otra parte, la genética es la técnica que se presta por excelencia a este tipo de inferencia", dijo Strauss.

"Los resultados genéticos del nuevo estudio muestran de manera categórica que no existió ninguna conexión significativa entre las poblaciones de Lagoa Santa y grupos de África o de Australia. Por consiguiente, la hipótesis de que el pueblo de Luzia constituiría una oleada migratoria anterior a los ancestros de los indígenas actuales no se confirma. Al contrario, el ADN muestra que el pueblo de Luzia tiene una genética totalmente amerindia”, dijo. 

Un nuevo busto reemplaza entonces al de Luzia en el panteón científico brasileño. Caroline Wilkinson, de la Liverpool John Moores University, en Inglaterra, experta en reconstrucción forense y discípula de Richard Neave, realizó la reconstrucción facial de uno de los individuos desenterrados en Lapa do Santo. Ese trabajo se llevó cabo con base en el modelo digital retrodeformado del cráneo.

"Por más acostumbrados que estemos con la tradicional reconstrucción facial de Luzia, con rasgos fuertemente africanos, esta nueva reconstrucción facial refleja de manera mucho más precisa la fisonomía de los primeros habitantes de Brasil, con rasgos generalizados e indistintos a partir de los cuales, y en el transcurso de miles de años, se estableció la gran diversidad amerindia”, dijo Strauss.

El arqueólogo explica que el estudio publicado en Cell también presenta los primeros datos genéticos para los concheros de la costa brasileña. 

"Esos monumentales montones de conchas fueron construidos hace alrededor de 2.000 años por sociedades populosas que ocupaban la franja costera de Brasil. El estudio del ADN fósil de esqueletos enterrados en los sambaquíes de Santa Catarina y de São Paulo muestra que esos grupos poseen una relación de cercanía genética con los indígenas actuales del sur de Brasil, especialmente los grupos kaingangs”, dijo. 

Según Strauss, la extracción del ADN fósil conlleva cuantiosos desafíos técnicos, especialmente en lo que se refiere al material hallado en clima tropical. La fragmentación extrema y la alta incidencia de contaminación hicieron que durante casi dos décadas distintos grupos de científicos intentasen infructuosamente extraer el material genético de los huesos de Lagoa Santa. 

Pero merced a los avances metodológicos desarrollados en el Instituto Max Planck, ahora ha sido posible concretar la extracción de ADN del pueblo de Lagoa Santa. Y en lo que dependa del entusiasmo con el que Strauss se refiere a su investigación, aún queda mucho por descubrirse. 

"A partir de 2019 se pondrá en marcha la construcción del primer laboratorio de arqueogenética de Brasil, en el marco de una colaboración entre el MAE y el IB de la USP, y con financiación de la FAPESP. Cuando esté terminado, le dará un nuevo impulso a las investigaciones sobre el poblamiento de América del Sur y de Brasil", dijo Strauss.  

"De alguna manera, este trabajo no solamente cambia lo que sabíamos sobre el poblamiento, sino que también altera considerablemente el modo de estudiar los restos de esqueletos humanos”, dijo Figuti.

Los primeros restos humanos de Lagoa Santa −alrededor de 30 esqueletos− fueron hallados por el naturalista danés Peter Wilhelm Lund (1801-1880) en 1844, en el fondo de una gruta inundada. Casi todos esos fósiles se encuentran actualmente en el Museo de Historia Natural de Copenhague, en Dinamarca. Sólo un cráneo permaneció en Brasil, donado por Lund al Instituto Histórico y Geográfico Brasileño, con sede en Río de Janeiro.

Poblamiento por saltos

El mismo día que salió publicado el artículo en Cell (08/11), salió otro trabajo en la revista Science, igualmente versando sobre el ADN fósil y sobre las primeras migraciones humanas por el continente americano. 

Entre los 15 esqueletos antiguos de los cuales se extrajo material genético, cinco pertenecen a la Coleción Lund, de Copenhague. Sus edades ubican entre los 10.400 y los 9.800 años. Son los más antiguos de la muestra, junto a un individuo de Nevada de 10.700 años. 

Esta muestra reúne material fósil de restos humanos antiguos hallados en Alaska, Canadá, Brasil, Chile y Argentina. El resultado de la investigación molecular sugiere que el poblamiento de América por los primeros grupos humanos provenientes de Alaska no fue sencillamente un movimiento de ocupación gradual del territorio simultáneo a la expansión poblacional. 

De acuerdo con los científicos responsables de este estudio, los datos moleculares sugieren que los primeros humanos que invadieron Alaska, o el vecino Yukón, se dividieron en dos grupos. Esto sucedió hace entre 17.500 y 14.600 años. Un grupo colonizaría América del Norte y América Central. El otro dominaría América del Sur.

A continuación, la ocupación de América habría transcurrido de manera rápida y por saltos, con pequeñas bandas de cazadores-recolectores recorriendo grandes distancias para radicarse en nuevos ambientes hasta llegar a Tierra del Fuego. Todo ese movimiento duró uno o a lo sumo dos milenios.

Entre los 15 individuos que cuyo ADN se analizó, tres de los cinco de Lagoa Santa guardan en su material genético rasgos de ADN de Australasia, tal como lo sugiere la teoría de la ocupación de América del Sur postulada por Walter Neves. Los científicos no saben explicar el origen de aquel ADN australasiático y cómo el mismo fue a parar tan sólo en algunos individuos de Lagoa Santa. 

"El hecho de que la firma genómica de Australasia se encuentre presente hace 10.400 años en Brasil, pero ausente en todos los genomas testeados hasta ahora, tan antiguos o más antiguos, y hallados más al norte, constituye un reto al considerar su presencia en Lagoa Santa”, dijeron. 

En el transcurso del siglo XX, fueron recolectados otros fósiles, entre ellos el cráneo de Luzia, en la década de 1970. Casi un centenar de cráneos hallados por Neves y Strauss durante los últimos 15 años se encuentran actualmente en la USP. Otros tantos fósiles se encuentran guardados en la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais. 

Pero la gran mayoría de estas preciosidades osteológicas y arqueológicas, quizá más de 100 individuos, se encontraban depositadas en el Museo Nacional en Río de Janeiro. Ese material presuntamente se vio consumido por el incendio que arrasó a esa institución el pasado 2 de septiembre.

El cráneo de Luzia se encontraba expuesto en el Museo Nacional al lado del busto con sus facciones realizado por Neave. Se temía que ese cráneo hubiese sido destruido durante el incendio, pero afortunadamente fue una de las primeras piezas del museo recuperadas entre los escombros. Aun fragmentado, el cráneo de Luzia sobrevivió. Pero el busto original (del cual existen varias copias) se perdió con el fuego.

Puede leerse el artículo intitulado Reconstructing the Deep Population History of Central and South America, de Cosimo Posth, André Strauss y otros, en el siguiente enlace: cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(18)31380-1.

 

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