La mejora en la distribución de ingresos habría causado una reacción conservadora | AGÊNCIA FAPESP

El combate contra la desigualdad como forma de consolidación de la democracia en Brasil puso fin al estatus de relativo privilegio de su clase media baja, sostiene una investigadora de un CEPID FAPESP (foto: Stereoleo / Wikimedia)

La mejora en la distribución de ingresos habría causado una reacción conservadora

03 de mayo de 2018

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – Las desigualdades en Brasil constituyeron el tema que se abordó durante una de las charlas con mayor cantidad de asistentes en el marco de la Escuela São Paulo de Ciencia Avanzada en Ciencias Sociales, un evento realizado en São Paulo, Brasil, y cuyo tema fue “La democracia y las desigualdades: teoría y hallazgos empíricos del proyecto Trayectorias de las Desigualdades”. Al afinar el enfoque de dicho tema, Marta Arretche, profesora titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de São Paulo (USP), destaca que existen dos versiones sobre ese proceso.

“La primera apunta que durante el período democrático la desigualdad ha permanecido constante en Brasil, con los más ricos apropiándose de una cuarta parte de la riqueza nacional. Esta versión es verdadera y los trabajos que la sostienen son sumamente convincentes”, declaró Arretche a Agência FAPESP. La profesora coordinó un estudio a cargo de 23 investigadores de diversas áreas de las ciencias sociales que resultó en el libro intitulado Trajetórias das desigualdades: como o Brasil mudou nos últimos 50 anos (Las trayectorias de las desigualdades. Cómo ha cambiado Brasil en los últimos 50 años).

“La otra versión indica que durante el período democrático la desigualdad en Brasil ha caído mucho, y ha disminuido más rápido aún que en otros países que lograron volverse más igualitarios en esta misma época. Y esta versión también es verdadera”, dijo la investigadora, quien también coordina el Centro de Estudios de la Metrópolis, un Centro de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID) financiado por la FAPESP.

“Por más extraño que pueda parecer, ambas versiones son verdaderas pues abordan cuestiones diferentes. La primera se refiere a la concentración de la riqueza en la cima de la pirámide, de cuánto que el 1% más rico se apropia del total de la riqueza nacional. La segunda apunta hacia el otro 99%. Y lo que ha ocurrido en el seno de ese gran contingente del 99% ha sido un razonable grado de inclusión. En el período democrático, desde 1984 hasta 2015, los más pobres han tenido mejoras relativas mayores que los más ricos. Hubo inclusión en el acceso al sistema público de salud y al sistema público de educación, y el salario mínimo real aumentó considerablemente. Éste fue un atributo de la democracia brasileña”, dijo Arretche.

La investigadora recuerda que los mayores avances en términos de inclusión social ocurrieron durante los gobiernos de izquierda, “pero también los hubo durante los otros gobiernos, pues en el período de transición hacia la democracia existía una comprensión bastante compartida de que la democracia no iba a sobrevivir en Brasil si no se redujese la pobreza y la desigualdad. Y se crearon políticas a tal fin. Más recientemente surgieron evidencias de que ese consenso ha dejado de existir. La sociedad brasileña está sumamente dividida con relación a la inclusión. Más allá de los conflictos entre pobres y ricos, también existe un conflicto entre los muy pobres y los menos pobres. Porque las mejoras de los primeros pueden representar costos para los segundos”.

Arretche ejemplificó su afirmación mencionando la aprobación en 2013 de la Propuesta de Enmienda Constitucional 478, que extendió a las empleadas domésticas los derechos laborales de los cuales ya gozaban los demás trabajadores urbanos y rurales. Esa extensión de derechos, que benefició a los muy pobres, habría tenido un fuerte impacto sobre el presupuesto de los menos pobres que dependían de los servicios de los primeros.

“Éste es probablemente un conflicto típico de sociedades sumamente desiguales que empiezan a cambiar; sociedades en las cuales los ciudadanos no pueden contar con servicios públicos. Una de las bases de la estabilidad en Brasil era el hecho de que los menos pobres se asegurasen un relativo bienestar pagándoles sueldos muy bajos a los más pobres. A medida que los salarios de estos trabajadores menos calificados empezaron a crecer por la fuerza de la ley, los integrantes de los estratos intermedios se sintieron perjudicados. Esta perversidad, característica de sociedades muy desiguales, constituye un gran desafío para la democracia”, dijo.

La directora del CEN ponderó que la resistencia a los cambios por parte de esos sectores situados en el medio de la curva de la distribución de ingresos podría estar asociada a este tipo de conflictos.

“El salario mínimo aumentó significativamente durante el período considerado. Y esto no tuvo impacto únicamente sobre el presupuesto fiscal o sobre el presupuesto de las grandes empresas sino también sobre el presupuesto de las pequeñas empresas y sobre el presupuesto de las familias; en definitiva, de quienes adquieren los servicios de los trabajadores que perciben el salario mínimo. Los datos muestran que el 25% de los electores brasileños tiene sus ingresos indexados directamente por el salario mínimo”, dijo.

“Esto tiende a provocar una gran división en el propio interior de las familias. Pues si bien el aumento del salario mínimo puede representar una mejora de ingresos para algunos de sus miembros por un lado, también puede representar un aumento de costos para otros, por el otro lado. Más que probablemente, éste es uno de los factores situados en la base de lo que ha sido caracterizada como una reacción conservadora. Se trata del efecto típico de una sociedad altamente desigual que empieza a volverse menos desigual por la vía de la protección de quienes están en la peor situación”, dijo Arretche.

La principal base de datos utilizada en el libro Trajetórias das desigualdades: como o Brasil mudou nos últimos 50 anos fue el Censo 2010, el más reciente realizado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Pero durante la conferencia, Arretche actualizó los datos hasta 2015. Su análisis no contempla los cambios ocurridos después del juicio político de la expresidente Dilma Rousseff. 

 

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