El impacto de la pandemia en el mercado laboral brasileño | AGÊNCIA FAPESP

El impacto de la pandemia en el mercado laboral brasileño Las personas negras fueron las más afectadas, pues trabajan más asiduamente en el sector informal. Y las mujeres, pues actuan predominantemente en sectores considerados no esenciales (foto: Marco Aurélio Esparz/Wikimedia Commos)

El impacto de la pandemia en el mercado laboral brasileño

10 de diciembre de 2020

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – La pandemia debilitó la actividad económica y agravó los problemas sociales en diversos países. En Brasil, los impactos fueron especialmente severos. “El nivel de ocupación laboral –calculado según la razón entre la cantidad de personas que trabajan y la población en edad económicamente activa– cayó por debajo del 50% en abril de 2020. Y siguió bajando hasta julio, cuando llegó a un valle del 47%. Esto significa que más de la mitad de la población en edad de trabajar se quedó sin trabajo”, dice Rogério Barbosa, docente del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (IESP-UERJ) y exinvestigador del Centro de Estudios de la Metrópolis (CEM), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID) de la FAPESP.

En colaboración con el investigador del Centro Brasileiro de Análise e Planejamento (CEBRAP) Ian Practes, Barbosa publicó el artículo intitulado The Impact of COVID-19 in Brazil: Labour Market and Social Protection Responses en el periódico científico The Indian Journal of Labour Economics. Este estudio contó con el apoyo de la FAPESP a través de una beca de posdoctorado otorgada a Barbosa.

“En el artículo trabajamos con datos de junio de 2020. Pero posteriormente publicamos otros estudios con actualizaciones basadas en sondeos de la PNAD, la Investigación Nacional por Muestreo de Domicilios [una encuesta oficial del gobierno brasileño realizada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, el IBGE, las siglas por las cuales se lo conoce], tanto de la PNAD Continua como de la PNAD COVID-19. Esas informaciones confirmaron el pronóstico que habíamos efectuado en la fase inicial de la pandemia”, afirma Barbosa.

“En aquella ocasión, cruzamos dos parámetros: el vínculo laboral formal o informal (lo que incluye al trabajo por cuenta propia) y el empleo en sectores esenciales o no esenciales. Con base en ello, previmos que los negros y las mujeres serían los más afectados. Los negros trabajan más asiduamente en el trabajo informal y las mujeres, porque actúan predominantemente en sectores a los que se considera no esenciales. Ambas situaciones derivadas de la formación histórica de Brasil. Los datos de la PNAD confirmaron esta previsión. Por cada trabajador formal despedido, tres trabajadores informales perdieron su puesto de trabajo. Y los sectores no esenciales, de prestación de servicios para personas físicas, fueron los más duramente afectados”, añade el investigador (lea más en: agencia.fapesp.br/33358). 

Según Barbosa, el nivel de ocupación en Brasil siempre se ha ubicado en la franja del 60%. Hubo una caída con la crisis económica de 2014, pero ese porcentaje venía subiendo. Con la pandemia, cayó por primera vez por debajo del 50%. “Ha surgido una nueva categoría de desocupación, que es la del ‘desempleo oculto debido al distanciamiento social’. Normalmente, el índice de desocupación, al que podemos denominar ‘desempleo abierto’, se calcula considerando el porcentaje de personas que buscan trabajo y no lo consiguen. Con la pandemia, entre 17 y 19 millones de personas sencillamente dejaron de buscar trabajo, ya sea a causa del riesgo de contagio o porque se cerraron muchos puestos laborales. Si se suma el ‘desempleo oculto’ al ‘desempleo abierto’, el total de personas desocupadas ascendió a casi el 30% en julio de 2020”, informa el investigador.

Y añade: “Ese porcentaje es un valor nacional promedio. Pero la situación mostró grandes diferencias de estado a estado. Hubo algunos en los cuales el desempleo superó el 50%. Con el aflojamiento de las medidas de aislamiento social, se experimentó una cierta recuperación, pero aún estamos muy por debajo del nivel anterior a la pandemia”.

El investigador destacó la efectividad de la Ayuda de Emergencia, el programa gubernamental de subsidios a los trabajadores de bajos ingresos afectados por la paralización de las actividades económicas debido a las medidas de contención del COVID-19, más allá de los errores y los atropellos en la logística de implementación y de los fraudes en la orientación de los recursos. “Esta asignación de ingresos alivió la situación del 30% más pobre, que venía perdiendo ingresos sistemáticamente desde 2014. Cuando la Ayuda llegó, esos más pobres se ubicaban en el valle de la curva de ingresos. Y tuvieron una cierta compensación, no solamente de las pérdidas ocasionadas por la pandemia, sino también de pérdidas anteriores. No obstante, es necesario entender que la Ayuda disminuyó los indicadores monetarios de la pobreza, pero no así la pobreza en sí misma, pues esta abarca muchas otras dimensiones aparte de la estrictamente monetaria: las condiciones de vivienda, por ejemplo. Con el fin de la Ayuda, los más pobres seguirán siendo tan pobres como antes”, dice Barbosa.

El investigador afirma que el Programa de Emergencia de Mantenimiento del Empleo y los Ingresos benefició a los grandes empleadores, que no necesitaron despedir gente y hacerse cargo de tales despidos, y alivió la situación de los trabajadores formales, que lograron mantener sus puestos de trabajo, aunque con una consiguiente pérdida salarial (los ingresos solamente se mantuvieron entre los asalariados que ganan un salario mínimo). “Pero los empleadores de pequeñas y medianas empresas, que son los que más puestos de trabajo generan en Brasil, quedaron descubiertos. Cuando la economía se abra, faltará empleo, pues muchas pequeñas y medianas empresas cerraron y no podrán reabrir”, subraya Barbosa.

El teletrabajo, que se mostró sumamente efectivo en los países desarrollados de Europa, beneficia solamente al 10% de los trabajadores en Brasil, precisamente aquellos que gozan de un mayor nivel económico y cultural. Esto abarca a profesionales con educación superior y al personal que ejerce funciones de gerencia o administrativas. La mayoría de las tareas que requieren menor escolaridad no pueden ejecutarse a distancia. Y aun cuando esto es posible, no siempre los trabajadores disponen de los recursos técnicos necesarios, como internet de banda ancha. “Antes de la pandemia, Brasil se ubicaba más o menos al mismo nivel de los países ricos en materia de teletrabajo. Ahora hemos quedado completamente en la retaguardia”, comenta Barbosa.

Puede leerse el artículo intitulado The Impact of COVID-19 in Brazil: Labour Market and Social Protection Responses en el siguiente enlace: link.springer.com/article/10.1007/s41027-020-00252-3.

 

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