El historial de actividad física no interfiere en el pronóstico de los casos graves de COVID-19 | AGÊNCIA FAPESP

El historial de actividad física no interfiere en el pronóstico de los casos graves de COVID-19 Un estudio realizado con más de 200 pacientes internados en São Paulo muestra que las personas que se ejercitan con regularidad no se encuentran totalmente protegidas contra la enfermedad (foto: Wikimedia Commons)

El historial de actividad física no interfiere en el pronóstico de los casos graves de COVID-19

11 de febrero de 2021

Por Maria Fernanda Ziegler  |  Agência FAPESP – Estudios recientes sugieren que la práctica regular de ejercicios físicos puede estar asociada a la disminución de las internaciones por COVID-19 (lea más en: agencia.fapesp.br/34864/). Sin embargo, para las personas que desarrollan la forma grave de la enfermedad, la protección que otorga la actividad física deja de funcionar y no redunda en diferencias con respecto al tiempo de hospitalización ni a la necesidad de someterse a ventilación mecánica o al tratamiento intensivo.

Esto fue lo que se demostró en el marco de una investigación realizada en São Paulo, Brasil, con 209 pacientes con COVID-19 grave internados en el Hospital de Clínicas (HC), el complejo hospitalario administrado por la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), y en el Hospital de Campaña erigido en el Complejo Deportivo Constâncio Vaz Guimarães. Los resultados de la misma indican que el hecho de que los pacientes tengan el hábito de ejercitarse regularmente antes de la internación no fue determinante como para enfrentar la enfermedad en mejores condiciones.

“Este estudio enciende una luz amarilla para la población que se ejercita con regularidad y que, por este motivo, cree estar totalmente protegida. No hallamos diferencias en el pronóstico y el desenlace de la enfermedad entre los pacientes graves más o menos activos. Esto demuestra que los beneficios de la actividad física existen, pero aparentemente van tan solo hasta un determinado punto de la gravedad de la enfermedad”, afirma Bruno Gualano, docente de la FM-USP y autor del estudio.

Los datos completos de la investigación, que contó con el apoyo de la FAPESP, se dieron a conocer en un artículo publicado en la plataforma medRxiv, aún sin revisión por pares. Este trabajo se llevó a cabo en el marco de una colaboración con el Laboratorio de Metabolismo Óseo, coordinado por Rosa Maria Rodrigues Pereira, también de la FM-USP.

El COVID-19 es una enfermedad viral infecciosa que puede evolucionar hacia casos inflamatorios más graves. Como aún no existe un medicamento específico para combatir al virus SARS-CoV-2, el tratamiento hospitalario consiste en hacer frente a los distintos síntomas de la infección y suministrarles soporte respiratorio a los pacientes, de ser necesario.

Tal como explica Gualano, la práctica de actividades físicas es conocida por su efecto protector contra enfermedades crónicas. Y también fortalece el sistema inmunológico, al prevenir en parte algunas enfermedades infecciosas respiratorias. “Los ejercicios físicos tienen un efecto sistémico. Mejoran la respuesta inmune y las condiciones metabólicas y cardiovasculares de las personas. Estos factores pueden aportar protección contra diversos tipos de enfermedades crónicas, y contra algunas dolencias infecciosas también. Empero, cuando el cuadro se agrava, otros predictores pueden ser más decisivos en lo concerniente al desenlace clínico”, le explica el investigador a Agência FAPESP.

Los resultados de esta investigación indican que, para los casos graves de COVID-19, la presencia de factores de riesgo tales como obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y edad avanzada fue más determinante en el pronóstico que la práctica previa de ejercicios.

Se evaluaron los historiales de actividad física en el trabajo, en el deporte y en la recreación de más de 200 voluntarios tan pronto como se internaron. Esta información se recabó mediante la aplicación de un cuestionario. También se confirmó el diagnóstico de COVID-19 mediante la aplicación de test de RT-PCR, que detectan el material genético del SARS-CoV-2 en secreciones de la nariz o de la garganta.

Fueron incluidos pacientes que exhibían dificultades para respirar (más de 24 respiraciones por minuto) y un índice de saturación de oxígeno en el organismo inferior al 93%. Además, los mismos presentaban factores de riesgo para COVID-19, tales como edad avanzada, enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial sistémica, neoplasias, inmunosupresión, tuberculosis pulmonar y obesidad.

Los datos referentes a la actividad física no se asociaron con ninguno de los desenlaces clínicos observados, tales como hospitalización, necesidad de ventilación mecánica o internación en UTI y mortalidad.

Estudios complementarios

Gualano explica que el resultado obtenido en la investigación con pacientes hospitalizados es complementario a estudios anteriores, realizados con infectados de variados perfiles (incluso de casos leves y moderados).

Una investigación realizada en forma online y dada a conocer recientemente, que abarcó a 938 brasileños que contrajeron COVID-19, apuntó que la prevalencia de hospitalizaciones causadas por la enfermedad fue un 34,3% menor entre los voluntarios considerados activos, que realizaban al menos 150 minutos por semana de actividades físicas aeróbicas de intensidad moderada o 75 minutos de alta intensidad.

“Nuestro trabajo complementa los resultados obtenidos con los casos más leves de la enfermedad. En los estudios existentes se evaluó fundamentalmente a personas en estadios anteriores al de nuestro trabajo [en términos de progresión de la enfermedad], en los cuales tan solo una minoría entre los pacientes requirió hospitalización”, dice.

De acuerdo con el investigador, aparte de ser complementarios, estos estudios hacen su aporte a una mayor comprensión de la enfermedad y del efecto protector de la actividad física. “Es todo muy reciente y aún son pocos los trabajos que relacionan al COVID-19 con la actividad física y el sistema inmunológico. Sin embargo, al analizar lo que ha sido publicado sobre el tema, notamos que podría considerarse eventualmente a la actividad física como un buen predictor hasta un determinado estadio de gravedad de la enfermedad, previniendo complicaciones. Pero esto no se muestra verdadero en los casos más críticos. Este es un mensaje importante para no confiar tanto en el historial de actividad física como un factor absoluto de protección contra el COVID-19”, remarca Gualano.

La investigación contó con financiación de la FAPESP en el marco de diversos proyectos: (15/26937-4, 19/18039-7, 19/24782-4, 20/11102-2, 16/00006-7, 20/05752-4 y 17/13552-2). 

El riesgo entre los atletas profesionales

El grupo de investigadores de la FM-USP inició otro estudio en el cual pretende investigar la respuesta inmune y el pronóstico de COVID-19 entre atletas profesionales. La coalición Deporte-Covid-19, formada por investigadores del Hospital de Clínicas, el Hospital Israelita Albert Einstein, la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), el Instituto Dante Pazzanese de Cardiologia y el Núcleo de Alto Rendimento Esportivo, cuenta con el apoyo de la Federación Paulista de Fútbol y realizará un seguimiento de las posibles consecuencias de la enfermedad entre los jugadores de fútbol.

“Pretendemos comprender las eventuales secuelas del COVID-19 entre los atletas profesionales. Un estudio realizado con 26 atletas universitarios de Estados Unidos demostró que estos pueden padecer daños cardíacos o indicios de inflamación en el corazón. Estos datos son nuevos y aún no sabemos su real significado para un competidor de alto rendimiento”, dice.

En Brasil se han venido disputando campeonatos de fútbol en medio de la pandemia. Y muchos jugadores se han infectado y quedaron entre 10 y 15 días en cuarentena, para volver a jugar inmediatamente después del período de aislamiento. La mayoría de los infectados permanecieron asintomáticos o sufrieron casos leves de la enfermedad.

“Debido a la condición fisiológica de estos atletas de alto rendimiento, es cierto que se agravan menos. Así y todo, pretendemos entender si todos pasan ilesos −sin secuelas− por el COVID-19”, dice.

Durante el estudio, los investigadores les realizarán un seguimiento a 75 jugadores entre los que padecieron síntomas, los asintomáticos y los que no se infectaron. “Pasarán por una rigurosa batería de exámenes cardiovasculares que incluye ecocardiograma, pruebas de esfuerzo, evaluación de la función endotelial y resonancia magnética cardíaca, para investigar la posibilidad de que existan daños persistentes. Es una enfermedad nueva y no sabemos aún si existen secuelas, ni cuáles son las repercusiones a mediano y largo plazo: el riesgo elevado de padecer un mal súbito, por ejemplo. Esta investigación puede ayudar a elaborar un protocolo de retorno a la práctica deportiva ‘post-COVID’ basado en evidencias científicas”, dice.

Otro aspecto importante del proyecto reside en la posibilidad de recabar indicios importantes sobre el funcionamiento de la enfermedad entre la población en general. “Son atletas jóvenes, sanos, con una alimentación reglada y una excelente condición física. En cualquier tipo de investigación comparativa, esta población formaría una especie de grupo de controle ideal. Por ende, el hecho de entender cómo responden estos individuos al COVID-19 puede también suministrarnos pistas fisiológicas importantes, que pueden servir en la prevención de los casos más graves. Esta investigación cuenta con potencial para responder hasta qué punto el estilo de vida interfiere en los síntomas y en las secuelas de la enfermedad”, sostiene el investigador.

Puede accederse a la lectura del artículo intitulado No associations between physical activity and clinical outcomes among hospitalized patients with severe COVID-19 en el siguiente enlace: www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.11.25.20237925v1
 

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