Un área de sabana quemada cada dos años en la Reserva Natural Serra do Tombador (estado de Goiás, Brasil). Es posible observar la gran diversidad de especies de gramíneas y hierbas del componente aéreo de la vegetación (foto: Alessandra Fidelis/Unesp)

El plantío indiscriminado de árboles modifica las sabanas en lugar de restaurarlas, advierten científicos
22-09-2022
PT EN

En una edición especial de la revista Science, algunos de los principales investigadores del tema argumentan que la recuperación de las áreas degradadas requiere de soluciones más complejas, que contemplen las especificidades de estos biomas

El plantío indiscriminado de árboles modifica las sabanas en lugar de restaurarlas, advierten científicos

En una edición especial de la revista Science, algunos de los principales investigadores del tema argumentan que la recuperación de las áreas degradadas requiere de soluciones más complejas, que contemplen las especificidades de estos biomas

22-09-2022
PT EN

Un área de sabana quemada cada dos años en la Reserva Natural Serra do Tombador (estado de Goiás, Brasil). Es posible observar la gran diversidad de especies de gramíneas y hierbas del componente aéreo de la vegetación (foto: Alessandra Fidelis/Unesp)

 

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – La sabana no es un bosque degradado. Y no se la reconstruye plantando árboles. Estas afirmaciones, que los principales investigadores del tema enfatizan desde hace tiempo, fueron reiteradas en una edición especial de la revista Science publicada el pasado mes de agosto. El tema se ha vuelto aún más relevante, toda vez que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) definió el período entre 2021 y 2030 como la “Década de las Naciones Unidas de la Restauración de Ecosistemas”. Pero algunos proyectos con este objetivo no tienen en cuenta las especificidades de biomas complejos como el de las sabanas e intentan hacer del plantío indiscriminado de árboles una especie de remedio contra todos los males.

“Existen muchos bosques degradados en el mundo. Pero este concepto no se aplica a las sabanas. Y la expresión ‘sabanización’, cuando se la utiliza, en referencia a áreas desforestadas de la Amazonia, por ejemplo, se convierte en un vocablo inadecuado, que obstaculiza en lugar de ayudar. Pues, al contrario que los bosques degradados, las sabanas son biomas muy antiguos, complejos y ricos en biodiversidad”, dice la ecóloga Alessandra Fidelis, docente de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en Brasil, y coautora del artículo.

“Estamos en la década de la restauración y la preservación, y la restauración de los ecosistemas de sabana es algo urgente. Pero, ¿cómo restaurarlos? El plantío de árboles no es la solución. Se tiene la impresión de que esos ambientes son recientes y simples. Pero las sabanas tropicales, por ejemplo, existen hace millones de años. Y poseen una gran complejidad, tanto en su componente aéreo, formado por el estrato herbáceo continuo, rico en especies de gramíneas y hiervas, y por arbustos y árboles dispersos, como por la gran diversidad funcional subterránea fundamentalmente, formada por las raíces y los órganos subterráneos de reserva. Esos órganos son los que le imprimen resiliencia al sistema, pues poseen reservas y también almacenan las yemas, que se transforman en nuevas ramas después de que el área se quema, por ejemplo. No sabemos aún cómo restaurar esto”, añade Fidelis.

La investigadora informa que la gramínea C4, que participa del estrato herbáceo, surgió hace 25 millones de años. Y que las sabanas se propagaron por vastas áreas del planeta hace 10 millones de años. “Las especies que componen las sabanas fueron seleccionadas y evolucionaron en su mayoría debido a trastornos como el fuego y el herviborismo. Esto no es algo que se pueda reconstruir en un chasquear de dedos. Si esa vegetación se quema, por ejemplo, vuelve a brotar rápidamente. Pero si las máquinas agrícolas arrancan los órganos subterráneos y las raíces, no hay rebrote posible. Hay sabanas que fueron devastadas hace más de un siglo y hasta ahora no se han recompuesto”, afirma.

El Cerrado bajo amenaza

Esta consideración es especialmente importante en Brasil, porque el Cerrado, que constituye la sabana más biodiversa del mundo, está desapareciendo día tras día bajo la presión de la agricultura a gran escala. Su supervivencia es aún más precaria que la de la selva amazónica.

Fidelis comenta que las formaciones de pastizales y de sabana, a las que en el artículo de Science se las llama genéricamente “pastizales primarios” (old-growth grasslands), cubren nada menos que el 40 % de la superficie terrestre. Son ecosistemas que forman paisajes abiertos, compuestos fundamentalmente por gramíneas, hiervas, arbustos y árboles de pequeño o mediano porte. Se distribuyen por el 27 % del territorio brasileño y predominan en cuatro de los seis biomas existentes en el país: el Cerrado, la Caatinga (correspondiente al semiárido nordestino), la Pampa (el paisaje de praderas de la región sur) y el Pantanal. Pero también aparecen en los otros dos biomas: en las llamadas campinaranas, de la Amazonia, y en los pastizales situados arriba de las sierras en el Bosque Atlántico.

Con su rica biodiversidad, estos pastizales y sabanas prestan “servicios ecológicos” directos a más de 1.000 millones de habitantes del planeta. Pero en Brasil, su importancia es aún mayor, pues el Cerrado es la única sabana del mundo dotada de ríos perenes y donde se ubican las cabeceras de algunos de los más importantes ríos del país: el Xingú, el Tocantins, el Araguaia, el São Francisco, el Parnaíba, el Gurupi, el Jequitinhonha, el Paraná y el Paraguay, entre otros.

Nunca es tarde recordar que el 77,2 % de la matriz eléctrica brasileña proviene de la hidroelectricidad. Y que el país posee el tercer potencial hidroeléctrico técnicamente aprovechable del mundo. La degradación del Cerrado pone en riesgo esos fabulosos recursos energéticos y amenaza la oferta de agua dulce para el consumo de la población y para las propias actividades agrícolas, en momentos en que, debido a la crisis climática, el agua se convierte en uno de los bienes más preciados del planeta.

“Frente a la escalada de la destrucción, es natural que la gente deposite sus esperanzas en la restauración. Pero debemos ser bastante criteriosos con relación a esto, pues varios proyectos confunden la restauración con el mero plantío de árboles. Y ese plantío desordenado se erige como una amenaza extra, al crear bosques artificiales en ecosistemas de sabana. Un ejemplo de ello: casi un millón de kilómetros cuadrados de pastizales y sabanas de la África quedaron definidos como objeto de plantío de árboles para el 2030, ignorándose su especificidad y su valor en términos de biodiversidad y de servicios ecosistémicos”, pondera Fidelis.

Y prosigue: “Las características únicas de estos ecosistemas, que aúnan alta complejidad, diversidad tanto de la vegetación aérea como de los componentes subterráneos y resiliencia a trastornos tales como el fuego y el herbivorismo, se constituyeron juntas en el transcurso de millones de años, y hacen que la restauración se vuelva mucho difícil. Una degradación que destruya el banco de yemas y las estructuras subterráneas puede ocasionar daños irreversibles”.

La investigadora pone de relieve tres puntos importantes que deben tenerse en mente en los proyectos de restauración de esos sistemas a largo plazo. El primero consiste en que muchas de las especies rebrotan, es decir, dependen de la presencia de estructuras subterráneas con reservas y de un banco de yemas viables. No se regeneran por germinación. De allí que no pueda subestimarse la importancia del banco de yemas y de las estructuras subterráneas.

El segundo es que la restauración de esos ecosistemas no es rápida y debe monitorearse cuidadosamente, pues existen problemas ocasionados por invasiones biológicas (de gramíneas exóticas, del género Brachiaria, por ejemplo) o incluso por la densificación leñosa que pueden alterar completamente el rumbo de la restauración.

Finalmente, el tercero indica que en esos ecosistemas existen feedbacks de suma importancia entre el suelo, la vegetación, el fuego y el herbivorismo. La relación entre estos términos cambia a través del tiempo. Y es necesario entender cómo transcurre, qué hay que hacer para mantenerla y cuándo impulsarla, de ser necesario, mediante un manejo criterioso del fuego, por ejemplo.

“Un mensaje importante indica que debemos orientar la restauración de esos ecosistemas con base en las características de lo que denominados old-growth grasslands, es decir, de los pastizales y sabanas primarios. La naturaleza produjo estos sistemas complejos funcionalmente hablando en el transcurso de millones de años. Es necesario aprender con la naturaleza”, culmina Fidelis.

La investigadora ya ha coordinado diversos proyectos de manejo del Cerrado con el apoyo de la FAPESP. Y actualmente dirige el proyecto intitulado Utilización del manejo adaptativo en la optimización del manejo a largo plazo de especies invasoras perjudiciales para la biodiversidad y la economía rural

Puede accederse a la lectura del artículo intitulado Ancient grasslands guide ambitious goals in grassland restoration en el siguiente enlace: www.science.org/doi/10.1126/science.abo4605
 

  Republicar
 

Republicar

The Agency FAPESP licenses news via Creative Commons (CC-BY-NC-ND) so that they can be republished free of charge and in a simple way by other digital or printed vehicles. Agência FAPESP must be credited as the source of the content being republished and the name of the reporter (if any) must be attributed. Using the HMTL button below allows compliance with these rules, detailed in Digital Republishing Policy FAPESP.