Las puntas líticas de cola de pescado son comunes en Argentina y en Uruguay. En Brasil, sus registros son esporádicos. Los investigadores reunieran 32 puntas, la mayoría del sur y el sudeste del país (foto: Mercedes Okumura)

Puntas de piedra tallada plantean preguntas sobre la prehistoria brasileña
11-02-2016

En estudios realizados en el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo, se analizaron la ocupación del territorio, las migraciones y los sistemas de intercambio entre paleoindios

Puntas de piedra tallada plantean preguntas sobre la prehistoria brasileña

En estudios realizados en el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo, se analizaron la ocupación del territorio, las migraciones y los sistemas de intercambio entre paleoindios

11-02-2016

Las puntas líticas de cola de pescado son comunes en Argentina y en Uruguay. En Brasil, sus registros son esporádicos. Los investigadores reunieran 32 puntas, la mayoría del sur y el sudeste del país (foto: Mercedes Okumura)

 

Por Peter Moon  |  Agência FAPESP – El derrotero consensual de la historia del poblamiento de América indica que los primeros paleoindígenas provenientes de Asia cruzaron el estrecho de Bering al final de la Era del Hielo, hace más de 13 mil años. En los milenios siguientes, esas tribus se dispersaron por América del Norte y luego por América del Sur. El estudio de puntas de proyectiles, elaboradas en piedra tallada, se encuentra íntimamente vinculado con el origen de las investigaciones sobre el poblamiento del continente.

Todo empezó en 1929, cuando se hallaron puntas líticas de 13.500 años cerca de la ciudad de Clovis, en Nuevo México, Estados Unidos. Durante más de medio siglo, la arqueología estadounidense blandió aquellas puntas alargadas como pruebas de que la llamada cultura Clovis sería la más antigua del hemisferio, pese a los crecientes indicios provenientes de América del Sur que indicaban que ése no sería el caso.

Tal como quedó constatado durante los últimos 20 años, sitios prehistóricos sudamericanos tales como Monte Verde en Chile, El Abra en Colombia, Piedra Museo en Argentina y Taima Taima en Venezuela fueron contemporáneos de Clovis, o incluso más antiguos. Los paleoindios los ocuparon desde finales del período Pleistoceno. Igualmente, las puntas talladas encontradas en esos sitios sudamericanos no sólo son muy distintas a las de Clovis, sino que también son muy diversas entre sí.

¿Cuánto tiempo fue necesario para que las tribus provenientes del Norte pudiesen esparcirse por América del Sur a punto tal de que las puntas de sus armas se diferenciasen tanto? Esa respuesta aún no existe. Dos estudios recientemente publicados sobre las puntas líticas brasileñas plantean nuevas dudas acerca de la diversidad y la antigüedad de esos instrumentos y de las culturas que los produjeron.

El primer estudio sistemático de las puntas líticas en estilo de cola de pescado halladas en Brasil tiene la coautoría de la arqueóloga Mercedes Okumura, del Museo de Arqueología y Etnología (MAE) de la Universidad de São Paulo (USP), investigadora responsable del proyecto intitulado Métodos estadísticos aplicados a la caracterización de industrias líticas paleoindígenas: estudios de caso en el sudeste y el sur de Brasil, apoyado por la FAPESP. Okumura trabaja actualmente en el Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

En tanto, el segundo estudio, intitulado La ocupación paleoindígena en el estado de São Paulo: un abordaje geoarqueológico II, también apoyado por la FAPESP, apunta a entender la distribución y el uso de las puntas de proyectiles talladas en piedra en el sur de Brasil. Es de autoría de Okumura y del arqueólogo Astolfo Araujo, del MAE/ USP.

Dataciones diversas

Las puntas cola de pescado, que, como el propio nombre lo indica, tienen ese formato, son muy comunes en Argentina y en Uruguay. “En Brasil sus registros son esporádicos. Hicimos un barrido en las colecciones de museos y particulares y reunimos 32 puntas, la mayoría del sur y el sudeste del país, pero también de los estados Mato Grosso y Goiás. Hallamos incluso dos recolectadas en Bahía y en Amazonas”, dice Okumura. “Hasta hace poco tiempo existía un consenso que señalaba que las puntas cola de pescado eran típicas de Uruguay Argentina. Pero hoy en día se sabe que también existen, aunque en menor número, en Brasil y en puntos tan al norte como Venezuela y Guyana.”

Las puntas de cola de pescado de acá del cono sur son muy distintas tanto con respecto a las puntas líticas de Monte Verde, en el sur del Chile, como de las de Colombia y Venezuela, “aunque esos sitios son todos contemporáneos”, revela Okumura. Las puntas sudamericanas igualmente no se asemejan en nada a las norteamericanas. Éste constituye un indicio más que excluye la hipótesis americana de la ancestralidad de Clovis con relación a las culturas paleoindígenas.

“¿Qué significa esto?”, se pregunta Okumura. “¿La diversidad de todas estas puntas no podría indicar una antigüedad mayor del poblamiento de América del Sur?” En Argentina, las puntas cola de pescado tienen dataciones que varían entre 12.900 y 12.300 años. En Brasil aún no hay fechas, o porque las puntas recolectadas estaban en la superficie, o porque sencillamente no fue posible datarlas. Las dataciones de Monte Verde apuntan 13.500 años, pero ya se sabe que ese sitio estaba ocupado hace al menos 18 mil años. En Brasil, los sitios arqueológicos con datación más antigua son Santa Elina, en Mato Grosso, con 25 mil años, y Pedra Furada, en Piauí, con 32 mil; pero ambos resultados están lejos de ser aceptados consensualmente en la academia.

“Lo más interesante de nuestro artículo consiste en poder presentar por primera vez todo este material”, dice Okumura. “Es una invitación a los demás investigadores para que empiecen a prestar atención a estas puntas que se hallan en lugares tan lejanos como el sur, el nordeste y la Amazonia. ¿Qué puede significar esto términos de ocupación del territorio, de migraciones, de sistemas de intercambio?”

El siguiente paso de la investigación será el estudio del origen de las rocas utilizadas para tallar las puntas, la mayoría de sílex, basalto o fangolita. Otra futura orientación apunta a saber de qué modo se las utilizaba: si en lanzas, en flechas, en proyectiles o en cuchillos. “Las más largas y afiladas pueden haber sido usadas como dardos o lanzas”, dice Okumura. Con el uso frecuente y el progresivo desgaste o su rotura, se rompían y se reutilizaban con otras funciones. “Hay puntas que, de tanto cortárselas, perdieron totalmente su formato original y se convirtieron en lo que llamamos raspadores. Nuestro estudio suscita mucho más preguntas que respuestas. Desafortunadamente, ése es el precio del pionerismo”, dice la arqueóloga.

La tradición Umbu

El segundo trabajo comprende un estudio de los proyectiles pertenecientes a la llamada tradición Umbu, “que lleva este nombre debido a la localidad del estado de Rio Grande do Sul donde se los encontró en la década de 1970”, explica Araujo. Se trata del primer trabajo sistemático realizado con esos materiales brasileños y que apunta a entender su función y su uso.

Sólo se estudiaron proyectiles oriundos de sitios arqueológicos con dataciones precisas, todos ubicados en el sur del país. “En todo Brasil existen solamente ocho sitios arqueológicos con dataciones aceptables y con una buena cantidad de puntas”, explica Okumura.

Los 463 proyectiles investigados tienen dataciones que van desde el comienzo del Holoceno, hace 11 mil años, pasando por el Holoceno medio, hace cerca de cinco mil, hasta llegar al Holoceno reciente, hace tan sólo 600 años. El estudio de la función de los proyectiles indicó que muy pocos se empleaban como flechas. La abrumadora mayoría eran dardos que se arrojaban. “El porqué de esta predilección de los pueblos de la tradición Umbu por los dardos de lanzamiento lo desconocemos”, dice Araujo.

Lo que más les llamó la atención a los investigadores fue la relación entre el tamaño de las puntas y su antigüedad. “Esperábamos detectar en el estudio el mismo patrón hallado en América del Norte, es decir, cuanto más antiguos son los sitios arqueológicos, mayores serían los proyectiles, y cuanto más recientes, menores”, explica Okumura. Esto tiene que ver con el surgimiento de la tecnología de arcos y flechas en la mitad del Holoceno y con el patrón de sustitución de esa tecnología a lo largo del tiempo. “Pero el patrón que detectamos indicó exactamente lo contrario. Lo que se ve son puntas de dardos grandes en toda la muestra y puntas pequeñas en el sitio más antiguo, de casi 11 mil años.”

Para intentar dilucidar este interrogante, es necesario hallar nuevos proyectiles en excavaciones, y con buena datación. Otra línea de investigación apuntaría a entender la morfología de los proyectiles, los estudios de los materiales empleados y el análisis de su desgaste y de sus fracturas.

“El trabajo se realizó para llamar la atención al respecto de estos proyectiles en lo atinente a su función, a su uso en la prehistoria”, afirma Okumura. “Así como se debe empezar a prestarle atención a las puntas cola de pescado, también apuntamos la necesidad de que los arqueólogos empiecen a pensar en la función de los proyectiles de la tradición Umbu.”

El artículo intitulado New records of fishtail projectile points from Brazil and its implications for its peopling (doi:10.2218/jls.v3i1.1312), de Daniel Loponte, Mercedes Okumura y Mirian Carbonera, puede leerse en Journal of Lithic Studies (2016) en: journals.ed.ac.uk/lithicstudies/article/view/1312"s/article/view/1312.

Y puede leerse el artículo intitulado Contributions to the Dart versus Arrow Debate: New Data from Holocene Projectile Points from Southeastern and Southern Brazil (doi.org/10.1590/0001-3765201520140625), de Okumura y Araujo, en Anais da Academia Brasileira de Ciências de 2015, en la siguiente dirección: www.scielo.br/scielo.php?pid=S0001-37652015005019105&script=sci_abstract.

 

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