Una variación genética impide que adolescentes obesos adelgacen | AGÊNCIA FAPESP

Un estudio realizado en Brasil apunta que un polimorfismo presente en un gen receptor de la leptina modifica el balance energético y la regulación neuroendocrina (foto: Walter Siegmund/ Wikipedia)

Una variación genética impide que adolescentes obesos adelgacen

09 de agosto de 2018

Por Maria Fernanda Ziegler  |  Agência FAPESP – En el marco de una investigación realizada en la Escuela Paulista de Medicina (EPM) de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), en Brasil, se detectó una alteración en un gen que dificulta el proceso de adelgazamiento.

Este estudio, realizado con 76 adolescentes obesos con edades entre 15 y 19 años, demostró que un polimorfismo presente en el gen receptor de la leptina –señalizador de la saciedad– altera simultáneamente la regulación neuroendocrina y el balance energético.

Durante un año, adolescentes que pesaban entre 101 y 120 kilos participaron en un programa de adelgazamiento que incluyó actividades físicas y seguimiento clínico, psicológico y nutricional a cargo de un equipo multidisciplinario integrado por médicos, nutricionistas, psicólogos, educadores físicos y fisioterapeutas. Sin embargo, mientras que la mitad de los adolescentes perdió en promedio un 10% del peso inicial, la otra mitad perdió un 6%.

“Esa diferencia nos intrigó. No es que una parte no obtuviese resultados –redujeron la grasa visceral y corporal y sus análisis bioquímicos arrojaron mejorías–, pero no era posible que fuese únicamente por una cuestión de mayor o menor esfuerzo. Por eso resolvimos estudiar la parte genética”, dijo Flávia Corgosinho, autora principal del estudio publicado en la revista Neuropeptides.

Ese artículo es el resultado del doctorado de Corgosinho, realizado con beca de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior – Capes, de Brasil, y del proyecto de investigación de su directora de tesis, la profesora Ana Raimunda Dâmaso, de la EPM-Unifesp, quien contó con el apoyo de la FAPESP

Mediante la investigación genética, las científicas descubrieron que los voluntarios que respondían de manera más débil al programa exhibían una determinada alteración en el gen receptor de la leptina (LEPR rs2767485).

En el estudio se analizaron los efectos de un polimorfismo situado dentro de un solo gen entre los más de 500 genes relacionados con la obesidad. Corgosinho comenta que la variación genética estudiada es de tipo recesivo y que la mitad de los voluntarios presentaba al menos uno de los alelos con la alteración, una muestra significativa de los adolescentes obesos de la ciudad de São Paulo.

“Como no contábamos con un grupo de control en el estudio, no pudimos extrapolar ese dato a la población en general”, declaró Corgosinho a Agência FAPESP.

Este estudio con adolescentes es importante, fundamentalmente si se tiene en cuenta que la dificultad para adelgazar aumenta con los años de vida. “En la infancia y en la adolescencia se produce una aceleración del metabolismo como producto de la fase de crecimiento. Es una excelente oportunidad para favorecer el adelgazamiento y modificar los hábitos que no son sanos. Más allá de ello, la probabilidad de que un adolescente obeso se convierta en un adulto obeso está estimada en un 80%”, dijo Dâmaso.

Más hambre

El grupo de investigadores descubrió también que voluntarios con la variación genética que dificultaba el adelgazamiento exhibían niveles de neuropéptidos del hambre –neurotransmisores que regulan la saciedad– elevados cuando se los comparaba con los del otro grupo sin la variación genética.

“Las moléculas que señalizan el hambre, conocidas como NPY, AgRP y la hormona concentradora de melanina (MCH), estaban más elevadas en aquéllos que tenían la alteración genética. Esto significa que teóricamente éstos deberían sentir más hambre”, dijo Corgosinho.

El seguimiento de los adolescentes demostró que, con la terapia de adelgazamiento, se logró reducir el índice de esos neuropéptidos a valores similares a los de aquéllos que no portaban la variación genética. Con los análisis de sangre se probó que existe una tendencia a la regularización de esos señalizadores del hambre; pero uno de éstos (AgRP) siguió subiendo.

“De este modo, se percibe que el grupo empezó a someterse a la terapia con los señalizadores del hambre elevados. Se produce incluso una mejoría durante el programa, pero aún existen dificultades para regular esos neuropéptidos que activan el hambre. No por casualidad el proceso de adelgazamiento de éstos se complica más”, dijo Corgosinho.

Un excesivo nivel de leptina

La leptina es una hormona producida y secretada fundamentalmente por el tejido adiposo, que entre otras funciones participa en el control neuroendocrino del balance energético. Si bien su producción está directamente relacionada con la masa adiposa, es en el hipotálamo (en el cerebro) donde estimula a las neuronas y a los neuropéptidos relacionados con la saciedad.

Estudio anteriores ya habían demostrado que en la obesidad en adolescentes, pese a que la leptina aparece en altas concentraciones (hiperleptinemia), tiene un efecto reducido o ineficaz: no existe una buena inhibición del hambre y un concomitante aumento del gasto energético.

Corgosinho comenta que existen algunos mecanismos propuestos para que eso suceda. “Uno de ellos indica que ese exceso de leptina podría dañar al receptor. Otra hipótesis apunta que el exceso de leptina sobrecargaría el feedback negativo. El hecho es que aún no ha quedado claramente determinado qué es lo que provoca esta respuesta”, dijo.

Si bien teóricamente cuanto más leptina haya, más saciedad habrá y más aumento de la oxidación de grasas, en los obesos sucede lo contrario: se produce leptina en demasía y este exceso termina por generar una ineficiencia en el receptor. Esto puede derivar en un cuadro de resistencia a la acción de esa hormona (dificultades para pasar por la barrera hematoencefálica, impidiendo su acción).

“En el estudio nos percatamos de que ambos grupos de adolescentes obesos exhibían hiperleptinemia, lo que era esperable, pero solamente el grupo sin el polimorfismo logró reducir la leptina a valores normales después del proceso de adelgazamiento”, declaró Dâmaso a Agência FAPESP.

Con el adelgazamiento, lo esperable era que disminuyese la leptina a niveles normales y que volviese a haber una regulación del sistema neuroendocrino, mediado por esa hormona, favoreciendo tanto el aumento de la saciedad como el del gasto energético. “Con ese mecanismo activo, la probabilidad de volver a engordar o padecer aquel efecto yoyó son menores. Hay un control mayor sobre el apetito”, dijo Dâmaso.

Las investigadoras afirman que este estudio también redundó en otros hallazgos relacionados con el metabolismo lipídico y con el proceso inflamatorio –insulina, resistencia a la insulina y colesterol– que están en vías de publicación.

“Pretendemos elaborar estrategias tendientes a optimizar ese proceso de adelgazamiento. Hemos detectado la dificultad y ahora debemos proponer soluciones. Puede ser que esa población necesite un alimento funcional para obtener los mismos beneficios, o una intensidad de ejercicios físicos distinta a la aplicada en el programa para lograr los mismos resultados”, dijo Corgosinho.

El artículo intitulado LEPR polymorphism may affect energy balance during weight loss among Brazilians obese adolescents (doi: 10.1016/j.npep.2017.07.007), de Flávia Campos Corgosinho, Sandro Soares Almeida, Lian Tock, João Bosco Pesquero, Ronaldo Carvalho Araújo, Ana Paula Grotti Clemente, Bárbara Dal'Molin Netto, Raquel Munhoz da Silveira Campos, Deborah Cristina Landi Masquio, Joana Pereira de Carvalho Ferreira, Priscila de Lima Sanches, Aline de Piano Ganen, Marcelo Macedo Rogero, Lila Misae Oyama, Sergio Tufik, Marco Túlio de Mello, Ana Raimunda Dâmaso, puede leerse en Neuropeptides, en el siguiente enlace: sciencedirect.com/science/article/pii/S014341791730029X?via%3Dihub

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