Un estudio que apunta a mejorar el monitoreo de incendios en la sabana brasileña | AGÊNCIA FAPESP

Un estudio que apunta a mejorar el monitoreo de incendios en la sabana brasileña Con el objetivo de optimizar la calidad de los productos resultantes de los mapeos espaciales del gobierno brasileño, científicos investigaron la precisión de distintas colecciones de datos recabados vía satélite (foto: Wikimedia Commons)

Un estudio que apunta a mejorar el monitoreo de incendios en la sabana brasileña

30 de mayo de 2019

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – En el marco de un estudio llevado a cabo por científicos brasileños, estadounidenses y portugueses, se investigó la precisión y la solidez de distintas colecciones de datos recabados vía satélite referentes a la ubicación y a la extensión de las áreas de incendios en el bioma Cerrado, la sabana brasileña.

Los resultados de dicho trabajo, divulgados en el International Journal of Applied Earth Observation and Geoinformation, servirán de aporte a la mejora de los productos que se generan en el ámbito del Programa Quemas del Inpe, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, dedicado al monitoreo de focos de quemas e incendios forestales detectados vía satélite, al cálculo y al pronóstico del riesgo de fuego en la vegetación.

Esta investigación está vinculada al Proyecto Sistema Brasileño Fuego-Superficie-Atmósfera (BrFLAS), que cuenta con el apoyo de la FAPESP. Y estuvo coordinada por la profesora Renata Libonati, de la Universidad Federal de Río de Janeiro – UFRJ (Brasil), en colaboración con científicos de la Universidad de Maryland y de la Universidad de Lisboa. Y fue producto también de la maestría de Júlia Abrantes Rodrigues, su primera autora.

Diversos estudios anteriores mostraban que el fuego  –utilizado en forma inteligente y criteriosa, con zonificación del área total y cronograma de quemas, en sistema de rotación– resulta indispensable para la renovación del Cerrado (lea más en: agencia.fapesp.br/26085). Pero el uso indiscriminado y muchas veces delictivo del mismo, apuntando a eliminar plantas autóctonas y a preparar la tierra para la agricultura y la ganadería extensivas, es algo muy distinto.

“En esos casos, con áreas incendiándose a intervalos de tiempo sumamente cortos, casi siempre durante la estación seca, no hay vegetación que sobreviva, no hay adaptación natural posible”, declaró a Agência FAPESP el ingeniero ambiental Alberto Setzer, investigador del Inpe y coautor del artículo.

En la siguiente imagen, producida por los científicos participantes en el proyecto, es posible ver el Cerrado en toda su extensión y las cicatrices de las áreas quemadas, según datos obtenidos en 2017. Y la imagen publicada al final de este artículo, elaborada por el mismo equipo, muestra la evolución año tras año de las áreas quemadas entre 2003 y 2017, con relieve para los grandes incendios de 2007 y 2010.

“Un aspecto sumamente importante que debe considerarse es el de las emisiones atmosféricas de los incendios. Según el año, las mismas pueden generar entre el 28% y el 75% del total de emisiones de carbono del país, y así contribuir de manera sustancial con las estimaciones globales, toda vez que Brasil ocupa el séptimo lugar en el ranking de los países emisores. Un porcentaje del 28% ya es bastante significativo. Un porcentaje del 75% es extremadamente grave”, afirmó Setzer.

“Algún tiempo atrás, cuando se hablaba de los incendios forestales, la preocupación apuntaba siempre hacia la Amazonia. Pero las quemas en el Cerrado se han vuelto sumamente preocupantes. Este bioma, especialmente la zona conocida como Matopiba [sigla que designa a la región que constituye el límite entre los estados brasileños de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahía], se convirtió en el escenario de grandes proyectos agropecuarios. El oeste de Bahía, por ejemplo, ha sufrido una devastación brutal, con la remoción de casi toda la vegetación natural”, dijo.

Setzer recordó que esa transformación, sumamente drástica y rápida, está ocurriendo prácticamente al margen del conocimiento de la comunidad científica. De allí la oportunidad del estudio que ahora ha salido publicado, en el cual se buscó dar respuesta a la pregunta: “¿cuánto se quema en el Cerrado?”.

Los datos recabados vía satélite –aunque los artefactos son operados por organizaciones confiables como la agencia espacial estadounidense (Nasa) y la Agencia Espacial Europea (ESA)– constituyen números a escala global. Por ende, según Setzer, son poco precisos cuando se trata de configurar un fenómeno regional.

“En ese apartado, intentamos evolucionar para mejorar la calidad de los productos generados en el Inpe a la hora de suministrar las estimaciones de áreas quemadas. Este estudio apunta las limitaciones y los errores, tanto de los productos globales como de los que el Inpe genera. El objetivo consiste en mejorar nuestros datos, de manera tal de informar en forma más precisa dónde, cuándo y cuánto se ha quemado, y también cuáles han sido las emisiones resultantes de ello”, dijo.

El portal del Programa Quemas suministra datos actualizados al respecto. Con una resolución de un kilómetro, es posible obtener el valor total y por bioma de las áreas quemadas año por año y mes por mes. Y también el porcentaje correspondiente a cada bioma en el total de incendios. Los mapas muestran también las cicatrices de los mismos en cada bioma. En la resolución de 30 metros, obtenida por satélites de la serie Landsat, el portal suministra mapas, imágenes por cuadrantes y otras informaciones bastante detalladas para el Cerrado.

“En nuestro estudio, calculamos los errores y la incertidumbre inherente a los datos recabados mediante imágenes vía satélite, cosa que antes no teníamos para el Cerrado. También verificamos que los datos son más confiables en el norte que en el sur del Cerrado. Sucede que las propiedades situadas en el sur de este bioma son mucho menores, lo cual hace que el uso del fuego se concrete en áreas relativamente pequeñas y no en grandes extensiones. En el norte, en áreas como Ilha do Bananal, hubo años en los cuales medimos incendios casi continuos en áreas del orden de los 10 mil kilómetros cuadrados. Esto no sucede en tramos del norte del estado de São Paulo o del sur de Minas Gerais [en el sudeste de Brasil], donde el patrón de ocupación del suelo es muy distinto. Éste es un resultado importante, pues mostró que no se puede contar con un algoritmo uniforme para todo el bioma”, explicó el investigador.

Según Setzer, el mayor impacto sobre el Cerrado se registra actualmente en las áreas cultivables: “El Cerrado se está transformando prácticamente en extensas áreas de cultivo o pastizales. Y en la mayor parte de los casos, eso se está haciendo en desacuerdo con la legislación ambiental. En la Amazonia, la ley estipula que se debe dejar el 80% del área intacta. En el Cerrado, tan sólo el 30%. Pero ni siquiera ese 30% está respetándose”.

Puede leerse el artículo intitulado How well do global burned area products represent fire patterns in the Brazilian Savannas biome? An accuracy assessment of the MCD64 collections, de Julia A. Rodrigues, Renata Libonati, Allan A. Pereira, Joana M. P. Nogueira, Filippe L. M. Santos, Leonardo F. Peres, Ananda Santa Rosa, Wilfrid Schroeder, José M. C. Pereira, Louis Giglio, Isabel F. Trigo y Alberto W. Setzer, en el siguiente enlace: www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0303243419300248.  

 
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