Un cañón submarino puede revelar el papel de los corales en la captura de carbono de la atmósfera | AGÊNCIA FAPESP

Un cañón submarino puede revelar el papel de los corales en la captura de carbono de la atmósfera Un grupo internacional de científicos realiza un mapeo inédito de una grieta de 3.000 metros de profundidad en Irlanda para comprender los cambios climáticos globales (foto: University College Cork)

Un cañón submarino puede revelar el papel de los corales en la captura de carbono de la atmósfera

25 de octubre de 2018

Por André Julião  |  Agência FAPESP – El buque RV Celtic Explorer tomó puerto el pasado 10 de agosto en Galway, en la costa oeste de Irlanda, transportando a bordo un mapeo inédito, en alta resolución, de un cañón submarino. 

Esta expedición constituyó uno de los despliegues de un proyecto internacional entre cuyos miembros se encuentra el investigador Luis Americo Conti, de la Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades de la Universidad de São Paulo (EACH-USP), en Brasil. Uno de los objetivos del mismo consiste en entender mejor el papel de los corales que viven en esas aguas frías en la captura de carbono de la atmósfera.

“Los corales viven en la cima del cañón, y a medida que van muriéndose, sus fragmentos se van depositando en el fondo. El carbono que absorbieron en el transcurso de sus vidas sigue estando presente en esos restos y, a medida que se acumula, ese carbono pasa a los depósitos sedimentarios”, dijo Conti, cuyo estudio contó con el apoyo de la FAPESP.  

Durante la expedición de 15 días se mapeó toda el área del Porcupine Bank Canyon, en Irlanda, de 1.800 kilómetros cuadrados, mayor que el municipio de São Paulo. Se utilizó un sistema de sonar de alta resolución y un vehículo submarino operado remotamente (ROV, por sus siglas en inglés). 

Pese a que el cañón tiene una profundidad máxima de 3.000 metros, el ROV Holland I se sumergió hasta aproximadamente los 2.000 metros, en donde se encuentran los restos más recientes.

“Las muestras que extrajo el ROV ayudarán a entender la dinámica de estos fenómenos en el transcurso de los últimos 10 mil años, que pueden suministrarnos pistas para comprender los cambios climáticos que estamos viviendo ahora”, declaró Conti a Agência FAPESP.

Además de recolectar sedimentos del fondo del cañón, ricos en restos de corales, el vehículo extrajo muestras de corales vivos de las paredes y de la cima, que serán analizadas por biólogos con el objetivo de identificar a las especies que habitan en aquella área y determinar su parentesco con las de otras regiones.

El ROV efectuó también registros en video de las colonias de corales, que complementan el mapeo de sonar que se realizó desde el buque. De este modo, fue posible establecer una correlación entre los mapas topográficos del cañón y las áreas colonizadas por corales. 

“El cañón constituye un vasto sistema submarino, con peñascos casi verticales de hasta 700 metros y algunos lugares de hasta 3.000 metros de profundidad. Sería posible apilar 10 torres Eiffel”, dijo el jefe de la expedición, Aaron Lim, investigador de la School of Biological, Earth and Environmental Sciences de la University College Cork (UCC), en Irlanda, en un comunicado de la universidad. 

Las existencias de dióxido de carbono

A diferencia de los corales de aguas cálidas, que obtienen nutrientes mediante un proceso de simbiosis con algas que viven dentro de ellos (zooxantelas), los de aguas frías, como los del cañón Porcupine, dependen del plancton muerto que desciende desde la superficie. 

“En aguas profundas como ésas no hay luz para que las algas efectúen la fotosíntesis, y como las aguas no son lo suficientemente ricas en nutrientes, los cañones son ideales, pues en ellos las corrientes marítimas son más intensas y cargan bastante materia orgánica de ese tipo, que es filtrada por los corales”, dijo Conti.

“Los corales absorben el carbono del plancton muerto que ‘llueve’ desde la superficie del océano, por ende, desde la atmósfera”, explicó Andy Wheeler, docente de la UCC y del Irish Centre for Research in Applied Geosciences (iCRAG), en un comunicado de la universidad.

“Las crecientes concentraciones de CO2 en la atmósfera están provocando eventos climáticos extremos. Los océanos absorben ese anhídrido carbónico y los cañones constituyen una ruta rápida para bombearlo hacia las profundidades, en donde queda almacenado en forma segura”, dijo Wheeler. 

Con las muestras recolectadas, los científicos podrán eventualmente saber si las concentraciones de carbono en la atmósfera tienen influencia sobre el crecimiento de las colonias de corales y sobre la muerte de portes de éstas. Si bien el cañón se encontraba estable al momento de la extracción, periódicamente se produce algún evento violento que lo erosiona.

“Es lo que se denomina como un evento pulsante. En algunos lugares, como en Noruega, se producen verdaderas avalanchas de corales muertos en esos cañones. En otros el movimiento es más lento, pero constante”, dijo Conti.

Otro objetivo del investigador brasileño consistía en perfeccionar las técnicas de mapeo, con el fin de aplicarlas en proyectos de investigación en Brasil.

“La costa brasileña es poco conocida aún. El buque oceanográfico Alpha Crucis, de la USP [adquirido con el apoyo de la FAPESP], posee equipamientos adecuados para el mapeo submarino. Es poco, pero es un buen comienzo. El descubrimiento de los corales de la desembocadura del Amazonas también constituyó un logro importante”, dijo Conti.

No obstante, de acuerdo con el investigador, aún faltan proyectos de mapeos más detallados: un estudio topográfico sistemático del lecho marino brasileño, por ejemplo. 

“Irlanda puso en marcha hace 15 años un gran programa de mapeo de su lecho marino. Merced a ello, fue posible descubrir y seleccionar el área de ese cañón como un laboratorio natural”, dijo el investigador. “Sin algo de esa índole, seguimos estando dos pasos atrás.”

 

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