Latinoamérica y África pueden beneficiarse con la producción de bioenergía de la caña de azúcar | AGÊNCIA FAPESP

Latinoamérica y África pueden beneficiarse con la producción de bioenergía de la caña de azúcar En un libro que es fruto de un proyecto apoyado por la FAPESP, investigadores analizan el potencial de esta fuente energética como estrategia de desarrollo sostenible en países de ambos continentes (imagen: Pixabay)

Latinoamérica y África pueden beneficiarse con la producción de bioenergía de la caña de azúcar

07 de febrero de 2019

Por Elton Alisson  |  Agência FAPESP – Pese a que es la energía renovable que más se consume en el mundo –con una participación equivalente a la de la energía hídrica, la eólica, la solar y la de otras fuentes renovables juntas–, la bioenergía aún se produce en forma limitada si se considera el potencial existente. Brasil y Estados Unidos, por ejemplo, responden juntos por más del 80% de la producción actual de biocombustibles líquidos.

“Diversos países también están utilizando la bioenergía, pero podrían ser muchos más. Esto da la impresión de que la bioenergía se restringe a los pocos países que reúnen las condiciones específicas para el desarrollo de esta matriz”, dijo Luiz Augusto Horta Nogueira, investigador asociado del Núcleo Interdisciplinario de Planificación Energética de la Universidad de Campinas (Nipe-Unicamp), en Brasil, y miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Investigaciones en Bioenergía (BIOEN). 

Con el fin de superar este punto de vista y demostrar que la bioenergía puede producirse eficientemente, y aportar beneficios económicos y sociales en diversos otros países, Horta Nogueira, sus pares del Nipe-Unicamp y otros de diversas instituciones de Brasil y del exterior realizaron un estudio durante los últimos cinco años que contó con el apoyo de la FAPESP, en el cual evaluaron el potencial de expansión de la producción de bioenergía de la caña de azúcar en Latinoamérica y en África.

Los resultados de este trabajo, denominado Proyecto LACAF, realizado en el ámbito del BIOEN, aparecen reunidos en el libro intitulado Sugarcane bioenergy for sustainable development, cuya presentación tuvo lugar el pasado 14 de diciembre en la sede de la FAPESP.

El referido libro reúne 33 artículos de autoría de 60 investigadores de Brasil y del exterior, en los cuales los científicos analizan el potencial de la bioenergía de la caña de azúcar como estrategia para el desarrollo sostenible de países de América Latina y África.

Ambas regiones fueron escogidas pues reúnen condiciones sumamente favorables para la producción de bioenergía, y son estratégicas para su expansión en el mundo. Un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) apuntó que alrededor de 440 millones de hectáreas de tierra estarían disponibles globalmente para su utilización en la producción de bioenergía hasta el año 2050.

Más del 80% de esa extensión de tierras se ubicaría precisamente en África y en América del Sur y Central, y alrededor del 50% en tan sólo siete países: Angola, República Democrática del Congo y Sudán, en África, y Argentina, Bolivia, Colombia y, en su mayor parte, Brasil, en América Latina.

“Brasil es lejos el país con mayor disponibilidad de tierras para el cultivo de la caña de azúcar destinado a la producción de bioenergía. El país constituye un ejemplo raro, un caso atípico de producción de bioenergía a partir de la caña con alta productividad”, dijo Luis Augusto Barbosa Cortez, docente de la Unicamp y coordinador del proyecto, durante la presentación del libro.

De acuerdo con los estudios, además de Brasil, otros países de Latinoamérica que tuvieron éxito en el cultivo de la cañamiel fueron Colombia, Argentina y Guatemala.

A ejemplo de Brasil, Colombia produce caña de azúcar y etanol con una alta productividad. Argentina, por su parte, puso recientemente en marcha un programa de generación de bioenergía a partir de la caña de azúcar y del maíz y ha llegado a niveles de mezcla de etanol en la gasolina cercanos a los de Brasil. Paradójicamente, Guatemala es un gran productor de azúcar de caña y produce y exporta etanol a Estados Unidos, pero importa toda la gasolina que necesita.

En tanto, en África, las experiencias más exitosas se concretaron en Sudáfrica –que en la actualidad es el mayor productor de azúcar de cañamiel del continente africano–, en Mauricio, en Malaui y, más recientemente, en Mozambique.

En común en ambas regiones, una parte significativa de sus poblaciones aún no cuenta con acceso a la electricidad y a la energía limpia para la cocción de sus alimentos. En el África Austral, por ejemplo, se estima que 59 millones de personas utilizan carbón para cocinar, lo cual ocasiona serios problemas de salud y ambientales, como el desmonte. “La energía limpia para cocinar en África puede ser la bioenergía”, dijo Horta Nogueira.

La demanda de etanol para cocinar alimentos en el África Austral sería muy superior a la orientada al parque automovilístico de la población de las ciudades, en donde hasta el 90% de la población utiliza energía de baja calidad y en condiciones insalubres para cocinar, según estiman los investigadores. Una familia tipo de la región necesitaría 360 litros de etanol por año para abastecer una cocina con etanol, calcularon.

“La producción de etanol para cocinar ya se ha intentado en algunos países de África como Mozambique, pero no siguió adelante pues faltó combustible. Con todo, de existir disponibilidad de etanol para esa finalidad, el mercado seguramente absorberá la producción”, dijo Horta Nogueira.

Los investigadores estimaron que la producción de 4.100 millones de litros de etanol de cañamiel y de 2,7 teravatios-hora (TWh) de electricidad por año en Mozambique generaría 3,3 millones de puestos de trabajo y elevaría un 28% el Producto Interno Bruto (PIB) de ese país africano.

Para producir esa cantidad de combustible y de electricidad, sería necesario cultivar caña de azúcar en 600 mil hectáreas, lo que corresponde a menos del 3% de la tierra disponible para la plantación de cañamiel en ese país africano, afirmaron.

“Existe tierra adecuada y disponible suficiente en ese país como para expandir la producción de caña de azúcar sin perjudicar otros usos, tales como la producción de alimentos humanos y la alimentación animal. El punto de vista que sugiere que la producción de bioenergía competiría con los alimentos es erróneo”, dijo Horta Nogueira.

La inclusión de pequeños productores debe formar parte del modelo de producción de los países que adopten la bioenergía de la caña de azúcar, según Manoel Regis Lima Verde Leal, docente de la Unicamp y uno de los editores del libro, junto a Barbosa Cortez y Horta Nogueira.

A excepción de Brasil, Australia y Estados Unidos, en el resto del mundo la caña de azúcar es cultivada por pequeños productores, en propiedades agrícolas de menos de 10 hectáreas. “La India, que es el segundo productor de caña de azúcar del mundo en la actualidad, cuenta con 5 millones de hectáreas de cañamiel plantadas y 50 millones de productores”, dijo Lima Verde Leal.

La participación en el debate mundial

A juicio de Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la FAPESP, los estudios como el que realizaron los investigadores del proyecto LACAF han contribuido para insertar a la investigación en bioenergía que se hace en el estado de São Paulo en el debate mundial sobre la sostenibilidad de la bioenergía de la caña de azúcar.

Hace menos de una década, el espacio de los científicos brasileños en el debate mundial sobre este tema era mucho menor que en la actualidad. “Estudios como éste contribuyen para que los científicos del área que trabajan en São Paulo participen e incluso lideren la discusión mundial acerca de cuáles son las condiciones necesarias como para producir bioenergía a partir de la caña de azúcar a gran escala en otras regiones del mundo”, dijo Brito Cruz.

Cuando se apresta a cumplir diez años –ahora, en 2019–, el BIOEN ha redundado en más de mil publicaciones. El impacto de los trabajos publicados llevó a que, en el año 2013, investigadores ligados al programa fuesen invitados a coordinar un estudio referente a la sostenibilidad de la bioenergía global para el Comité Científico sobre Problemas del Medio Ambiente (Scope, por sus siglas en inglés), una agencia intergubernamental asociada a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, a Ciencia y a Cultura (Unesco).

“La realización de estos estudios ha ayudado efectivamente a proyectar los resultados de la investigación científica sobre la bioenergía en São Paulo en los foros mundiales del tema”, dijo Gláucia Mendes Souza, docente del IB-USP e integrante de la coordinación del BIOEN. 

Sugarcane bioenergy for sustainable development
Publicación: 2018
Precio: 120 dólares
Páginas: 418
Más información en: www.routledge.com/Sugarcane-Bioenergy-for-Sustainable-Development-Expanding-Production-in/Cortez-Leal-Nogueira/p/book/9781138312944

 

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