El fuego ayuda a preservar las sabanas en Brasil | AGÊNCIA FAPESP

El fuego ayuda a preservar las sabanas en Brasil En un estudio se sostiene la necesidad de realizar quemas criteriosas para la preservación del Cerrado, el bioma de este tipo de mayor biodiversidad mundial, cuna de importantes ríos brasileños (foto: Arthur de Magalhães Goulart/ Wikimedia Commons)

El fuego ayuda a preservar las sabanas en Brasil

07 de septiembre de 2017

Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – El fuego, al que casi siempre se lo muestra como un enemigo de los ecosistemas, es empero indispensable para la preservación de las sabanas, tal como lo afirman unánimemente los estudiosos del tema. En Brasil, el Cerrado, que constituye la sabana con mayor biodiversidad del mundo, se encuentra seriamente amenazado debido a la conjunción de dos factores: la expansión de la frontera agrícola y la prohibición del uso del fuego como método de manejo. Esto es lo que se sostiene en el artículo intitulado The need for a consistent fire policy for Cerrado conservation, publicado por Giselda Durigan, del Instituto Forestal del Estado de São Paulo, Brasil, y James Ratter, del Botanic Garden Edinburgh, de Edimburgo, Escocia, en Journal of Applied Ecology.

Giselda Durigan, quien también es docente de los programas de posgrado en Ciencia Forestal de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) y de Ecología de la Universidad de Campinas (Unicamp), en el estado de São Paulo, estudia el Cerrado hace más de 30 años. Participó recientemente en el proyecto intitulado “El impacto de los factores antrópicos (el fuego, la agricultura y el pastoreo) sobre la biodiversidad de las sabanas”, que contó con el apoyo de la FAPESP en el ámbito del Belmont Forum. Y entre diversos estudios actualmente en marcha, integra el proyecto “Efectos del fuego y de su supresión sobre la estructura, la composición y la biodiversidad del ecosistema en el gradiente fisionómico del Cerrado en la Estación Ecológica de Santa Bárbara”, que cuenta con apoyo parcial de la National Science Foundation, de Estados Unidos.

“En las sabanas de todo el mundo está ocurriendo un proceso de densificación de la vegetación, con pérdida de biodiversidad. Y la principal causa de esto en Brasil es la supresión del fuego. El Cerrado se va llenando cada vez más de árboles y se va transformando en selva. Debido a que cuatro quintos de la biodiversidad de plantas de ese bioma se encuentran en el estrato herbáceo, su conversión en bosque implica una enorme pérdida de biodiversidad. La mayoría de las plantas del Cerrado no soportan la sombra. Y así es como sucede que, cuando el dosel formado por las copas de los árboles se cierra y deja el suelo bajo la sombra, centenas de especies de plantas endémicas desaparecen”, afirmó la investigadora en diálogo con Agência FAPESP.

“Nuestro estudio en la Estación Ecológica de Santa Bárbara, en la zona oeste del estado de São Paulo, demostró que a partir de un cierto punto de densificación, la transformación del Cerrado en selva se vuelve irreversible. Por eso no podemos dejar que la biomasa sobrepase ese punto. Es necesario contar con un programa de quemas. Todo el mundo cree que el fuego es ‘malo’ cuando se trata de los ecosistemas. Pero la comprensión de que el fuego es necesario, aunque requiere de manejo, constituye un consenso entre los investigadores de las sabanas. Debemos reaprender a manejar el fuego como lo hacían los indígenas hace miles de años”, añadió.

Es necesario dejar claro de entrada que cuando se habla del uso del fuego, Durigan no se refiere a incendios indiscriminados, sino a un método de manejo criteriosamente establecido, con una zonificación del área total y un cronograma de quemas en sistema de rotación. La zonificación define una estructura en forma de mosaico y el cronograma estipula las épocas adecuadas para quemar cada parte. De este modo, una parte se quema en una determinada época, otra parte algunos meses después y la otra al año siguiente. Y así sucesivamente. Existe una rotación de las quemas en cada parte, pero el mosaico compuesto por fragmentos recién quemados, fragmentos quemados hace algún tiempo y fragmentos que no se queman desde hace mucho tiempo se mantiene. Esto asegura la reposición de la vegetación, las rutas de fuga y los hábitats de los animales. “En la Estación Ecológica de Santa Bárbara estamos quemando áreas continuas de 20 a 30 hectáreas sin riesgos para la flora y sin ninguna pérdida de fauna, y con grandes beneficios”, afirmó la investigadora.

“Las sabanas se incendian espontáneamente. Las gramíneas del tipo C4, que son fundamentales para la existencia de las sabanas, evolucionaron hace alrededor de 8 millones de años en presencia del fuego, mucho antes del surgimiento de la especie humana en el planeta. Lo que no queremos es que haya fuego descontrolado. ¿Por qué recientemente se quemaron 60 mil hectáreas de Chapada dos Veadeiros en pocos días? Porque se estaba impulsando una política de prevención de incendios. Y eso hizo que se acumulase una cantidad enorme de material combustible. Por eso, cuando se produjo un incendio, el mismo se propagó de manera descontrolada. El ejemplo más desastroso de incendio descontrolado fue el del Parque de Yellowstone, en Estados Unidos, donde también se había implementado una política de prevención de incendios. El resultado de ello fue que, cuando se quemó, se quemó el parque entero, y fue una calamidad, porque la fauna se quedó sin hábitat, sin alimento”, argumentó Durigan.

Tal como informó la investigadora, las sabanas son biomas de clima tropical conformados por árboles dispersos y un suelo cubierto por gramíneas y plantas herbáceas y arbustivas. Estas formaciones surgieron debido a la conjunción de dos factores principales en un régimen de lluvias muy característico, con precipitaciones concentradas en el verano y sequía en el invierno, generalmente asociado con las propiedades del suelo.

Lluvia sobre la arena

Cuando llueve sobre un suelo arcilloso, más barroso, el agua queda retenida durante un largo tiempo. Pero cuando llueve sobre la arena, bastan dos días secos para que el suelo quede seco nuevamente. Por eso en una región de clima tropical donde exista un mosaico de bosques y sabanas como el oeste del estado de São Paulo, si el suelo es más arcilloso, la vegetación predominante es de tipo forestal, porque el bosque es más exigente en cuanto al agua. Si el suelo es más arenoso, los tres meses de sequía comunes en esa zona son suficientes para dificultar la colonización de tipo forestal de la vegetación en el área. En tal caso, se afianza el Cerrado. Sus árboles tienen raíces muy profundas y buscan el agua acumulada por lluvias ocurridas meses antes en el subsuelo. Lo que impera es la disponibilidad de agua en el suelo para las plantas, las cuales dependen de cuánto llueve y de cuánto almacena el suelo.

Todas las sabanas del mundo exhiben dos características determinantes: una estación seca prolongada y el fuego como factor natural de selección y de presión evolutiva. Las plantas del Cerrado evolucionaron en presencia del fuego. Y se adaptaron a ello. Los árboles rústicos del Cerrado suelen estar revestidos por un súber espeso, que es algo así como una manta formada por células muertas que envuelve a los troncos y a las ramas. Cuando el Cerrado se quema, el súber o felema actúa como aislante térmico, impidiendo así que las altas temperaturas lleguen a los tejidos vivos internos. El súber se quema exteriormente, pero el árbol sobrevive, y se forma un nuevo súber. En cuanto a las gramíneas, rebrotan enseguida. Y bastan dos meses para que el Cerrado quemado se transforme en un exuberante jardín.

“La extraordinaria resiliencia del Cerrado, es decir, su capacidad de reaccionar a las perturbaciones, se debe especialmente a la estructura subterránea de las plantas, que rebrotan en incontables ocasiones. De allí que se comprende que la expansión agrícola constituyese en el más grande riesgo para la supervivencia del Cerrado. Porque cuando se instaló la ganadería en el Cerrado, hubo deforestación y un cambio de paisaje, con el predominio de fisonomías de pastizales, vegetación muy abierta y pocos árboles. Pero la estructura subterránea de las plantas en general se preservó, por eso no hubo una pérdida total de la biodiversidad. Con la agricultura es distinto. Las estructuras subterráneas se destruyen deliberadamente, porque se hace necesario eliminar toda la vegetación preexistente y su capacidad de rebrotar para que el área se vuelva cultivable. Para ello se utilizan instrumentos que cortan las raíces en profundidad y herbicidas poderosos, que dejan el suelo completamente limpio. No queda nada del Cerrado que existía antes”, explicó Durigan.

Aparte de la pérdida de biodiversidad y de la destrucción de un paisaje fantástico, la expansión agrícola, por una parte, y la incomprensión acerca de la necesidad del fuego, por otra, han venido engendrando otra consecuencia gravísima para el Cerrado: el impacto sobre las aguas. El mayor valor del Cerrado entre los biomas brasileños, y su mayor valor comparativo con respecto a otras sabanas del mundo, es la producción de agua. Algunos de los más importantes ríos de Brasil –el Xingú, el Tocantins, el Araguaia, el São Francisco, el Parnaíba, el Gurupi, el Jequitinhonha, el Paraná y el Paraguay, entre otros– nacen en el Cerrado. Terminar con el Cerrado significa comprometer la supervivencia de esos ríos, no solo como reservas de agua dulce, sino también debido a su potencial hidroeléctrico. Cabe recordar que el 77,2% de la matriz eléctrica brasileña depende de la hidroelectricidad. Brasil posee el tercer potencial hidroeléctrico técnicamente aprovechable del mundo. Y está poniendo en riesgo ese valioso recurso”, advirtió la investigadora.

El Cerrado es la única sabana del mundo dotada de ríos perennes. En las sabanas de África, de Asia y de Oceanía, los ríos son mayoritariamente estacionales: desaparecen en la estación seca y provocan inundaciones calamitosas en la estación lluviosa. Este bioma, que aún predomina en el Brasil Central, y que se extiende desde el estado de Maranhão (noreste de Brasil) hasta Paraguay, cubría originariamente más de dos millones de kilómetros cuadrados, alrededor del 25% del territorio brasileño. Sus paisajes agrestes, tantas veces subestimados en el pasado, y aún hoy en día mal comprendidos, esconden una biodiversidad fabulosa. “Recién ahora, con el estudio de gran porte que se lleva adelante desde hace ya tres años en la Estación Ecológica de Santa Bárbara, estamos logrando mapear todas las especies, incluso las del estrato herbáceo. Hay fragmentos en los cuales encontramos 35 especies distintas de plantas por metro cuadrado. En el conjunto de la estación, ya muestreamos casi 500 especies de plantas distintas. Y hay colegas estudiando la fauna: serpientes, lagartos, sapos, hormigas etc.”, contabilizó Durigan.

Para evaluar la importancia de 35 especies diferentes de plantas por metro cuadrado, basta con considerar que esa biodiversidad es, a microescala, superior a la de la selva tropical. “La selva tropical posee una increíble biodiversidad en lo que hace a la macroescala, pero no es tan diversa en lo referente a la microescala. Allí el Cerrado sólo se ubica detrás de la Pampa en biodiversidad: ésta llega a tener más de 50 especies por metro cuadrado”, subrayó la investigadora.

En el marco del proyecto en marcha, se está haciendo un mapeo completo de la biodiversidad en un gradiente que va del pastizal abierto al llamado cerradão, una formación caracterizada por una vegetación muy densa, con gran predominio de árboles. Y se está analizando también el efecto del fuego sobre esa biodiversidad.

“Contamos con registros del uso del fuego que hacían los indígenas hace miles de años. Quemaban por distintos motivos y, por ende, con diferentes frecuencias. Algunos para facilitar la caza, otros para aumentar la productividad de especies vegetales utilizadas como alimento. Debemos combinar esa sabiduría ancestral con el conocimiento científico de vanguardia. Nuestro objetivo consiste en aportar a la elaboración de una política responsable y consistente de uso del fuego”, finalizó Durigan.

 

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